OPINIÓN. NUESTRA TAREA CENTRAL DEL 2020: ORGANIZAR AL PUEBLO. Por Juan Pérez Medina.

Año de 2020. Segundo del periodo de AMLO al frente del país. La promesa del crecimiento económico del 4% anual también este año estará muy lejos. El pronóstico es de apenas 0.5 por ciento y dejamos en 2019 al año más violento de la historia. Los ajustes y cambios del presidente no han logrado aún mover al “elefante reumático” en cuestiones fundamentales. Cierto que la corrupción se está barriendo de arriba hacia abajo, pero está dando mucho trabajo hacerlo después de los primeros cargos; a partir de ahí, los mandos intermedios siguen haciendo todo lo necesario para esquivar la estrategia y perpetuar sus formas ventajosas de hacer las cosas, incluyendo a nuevos funcionarios provenientes de la propia coalición “Juntos haremos historia”. En contrapartida, el pueblo que votó inusitadamente por AMLO buscando un cambio en el destino del país, sin tener claro qué cambio o qué papel le toca en el proceso de cambio, pero sí con la posibilidad permanente de convertirse, en mucho por la influencia mediática de la gran burguesía, en enemigo del cambio al que apostó, se encuentra disperso, sin una organicidad tal que posibilite, no sólo resistir y sostener el actual proceso iniciado el primero de julio de 2018, sino  ir mucho más allá e impulsar la transformación necesaria que el país reclama y que no se limita a algunos ajustes o acciones cosméticas, sino que se planteé destruir el capitalismo desde sus cimientos, cuestión que sólo será posible con el pueblo organizado y consciente de las luchas que tiene que dar.

En los más de 40 años de neoliberalismo, el capital creo mitos que parecen verdades y que aún perduran en la mentalidad de los trabajadores. La idea de que en la generación de riqueza lo fundamental son los patrones pasó a ser un elemento central en el proceso de acumulación; por lo que el trabajo obrero pasaba a ser consecuencia de la acción del patrón y no como realmente es. Necesitábamos crear “emprendedores”, que no son otra cosa que patrones clásicos a los que un actor político de hace muchos años llamó atinadamente “chupasangres”. “Emprendedores” que fueron beneficiados por la política económica del régimen; se aseguraron de que las leyes les favorecieran, para ellos jamás hubo riesgo alguno: sin perdían el gobierno se encargaba de asumir la deuda y a nosotros pagarla. Así pasó con el rescate bancario o con el FOBAPROA que tanto nos ha sangrado y nos sigue sangrando. Crearon fundaciones para que las personas donarán recursos en ellas a cambio de evadir sus responsabilidades fiscales y, así, recibir condonaciones multimillonarias de impuestos. Para ello aparecieron despachos fiscales especializados en evasión de todo tipo de impuestos que el gobierno acababa devolviéndoles año con año.  Así, las ganancias siempre estuvieron aseguradas. Pero lo sanguinario de los neoliberales ha ido más allá. Durante los últimos 40 años abandonaron a la industria nacional y convertieron a este país en una gran maquiladora. Eso explica nuestra enorme dependencia tecnológica que actualmente padecemos y que nos impide sustituir importaciones como ocurrió durante las décadas de los 50, 60 y 70 del siglo XX. Los grandes negocios fueron la especulación financiara y la industria exportadora. Miles y miles de millones de dólares salen anualmente del país a las arcas de las empresas matriciales como Waltmart, Nestle, General Motors o Microsoft, entre tantas otras, beneficiadas por los bajos costos que les genera la mano de obra y las formas en que eluden el pago de prestaciones de ley. Esta estrategia se ha visto coronada con la privatización de las pensiones y, sobre todo, con el fenómeno del OUTSORCING, que sobre explota de manera descarada a los trabajadores.

Ellos, los neoliberales, generaron un nuevo discurso para justificar como nunca la necesidad de la plusvalía a cambio de la disminución del empleo y el salario. Nos aplicaron una máxima del capital en donde el aumento salarial era directamente proporcional al aumento de la inflación. Entonces, para mantener la inflación controlada mantuvieron los salarios estancados y para aumentar sus ganancias incluso los disminuyeron, según ellos para nuestro beneficio.

Llegamos a 2020 con los lastres de los gobiernos panistas y priistas que nos mal gobernaron, pero la encomienda es la de romper con todo ello y, como se suponía no está siendo nada fácil. Sobre todo, por la falta de organización y conciencia de los trabajadores y las capas medias más desprotegidas. El raquítico apoyo que brinda la burguesía nacional no es suficiente como para esperar que las cosas vayan mejorando paulatinamente y en paz como lo viene proponiendo y solicitando el presidente. Urge la organización y toma de conciencia de los trabajadores, comenzando por aquellos más comprometidos y que durante décadas han venidos luchando en contra del capitalismo y su régimen corrupto y violento.

La construcción de la unidad en torno a los grandes y más altos intereses del país es hoy, más que nunca, indispensable. En la CUT estamos en este camino y conscientes de que no hay más alternativa que la organización del pueblo. El cambio está en él y su ausencia protagónica será lo que hará reversible la aurora que en el 2018 alcanzamos. Así que para apaciguar al país es indispensable la organización familia por familia, barrio por barrio y comunidad por comunidad; para dinamizar la economía es indispensable la organización del pueblo para la producción. Se requieren nuevas formas organizativas y asociativas para fortalecer el campo y la industria y sólo el pueblo tiene las condiciones y potencialidades para hacerlo.

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