OPINIÓN. UN PEQUEÑO PASO: UN CENTRO DE EDUCACIÓN AMBIENTAL. Por Julio Santoyo Guerrero

La magnitud de los problemas ambientales que debe encarar la humanidad son tales que baste decir que al referente crítico mundial se le ha denominado Cambio Climático. Quiere decir que hace décadas este tipo de problemática dejó de tener una expresión focalizada, que solo implicara la participación de agentes sociales y gubernamentales locales para su atención.

Ya no podemos eludir la realidad, ahora es absurdo pretender que las consecuencias del Cambio Climático estén bien lejos de nosotros, el desdén ya ni siquiera puede tomarse como una ocurrencia, es fatalmente expresión de enajenación.

Que las naciones del mundo hayan tenido que llegar a plantearse acuerdos comunes para enfrentar los efectos devastadores sobre la economía, la salud, la alimentación, la disponibilidad de agua y la sobrevivencia de la especie humana, lleva implícito el reconocimiento de que nuestro modo de vivir, producir y consumir ha abierto una grieta fatal sobre nuestros valores, como ocurre con la pandemia de Covid-19 que revela, a pesar de nuestra ciencia y tecnología, nuestra pequeñez.

La visión insensata de algunos gobernantes carentes de espíritu estadista, cuyos ojos sólo ven lo inmediato y denotan una profunda ceguera ante los escenarios críticos que advierten los científicos, ha ocasionado una parálisis en el avance de la agenda ambiental mundial, y por supuesto la mexicana.

El retorno a las energías fósiles y el estímulo de sistemas productivos que se basan en la destrucción de selvas, bosques, aguas, tierras y fauna salvaje, es el distintivo de algunos gobiernos de naciones altamente desarrolladas y representan la claudicación ante el pragmatismo económico suicida.

La responsabilidad de los gobiernos en la degradación progresiva de los ecosistemas, que hasta ahora han sido el sustento de la vida humana y base de nuestra civilización, ha entrado en una zona crítica porque estamos llegando a los umbrales del no retorno en donde cada decisión tendrá mayores y más evidentes consecuencias para las poblaciones nacionales y de todo el mundo.

Los gobiernos ya no podrán serlo sin una agenda congruente y consecuente con el medio ambiente aunque ahora lo traten de eludir. La gobernabilidad global contemporánea y futura no es ni podrá ser sin la existencia de políticas públicas que representen de la mejor manera proyectos de subsistencia de la humanidad dentro de entornos naturales desbordados de vida.

Si bien es cierto que la responsabilidad de los gobiernos es cardinal para asegurar el futuro ambiental y el derecho humano de las poblaciones, también es verdad que junto a una ética de la responsabilidad gubernamental debe desplegarse una ética de la responsabilidad de los individuos.

Si los ciudadanos no compartimos y aplicamos en nuestra vida ordinaria los principios de respeto a la vida natural, de conocimiento y reconocimiento de las especies que conviven en nuestro entorno; si no comprendemos la finitud de elementos como el agua, la tierra y el aire; si no asumimos la responsabilidad que nuestros actos tienen frente al medio ambiente, seguiremos siendo parte fundamental del problema.

Por estas razones es que la modesta iniciativa que han tomado pequeños propietarios y ejidatarios que participan en el Consejo Promotor del Área Natural Protegida de Madero, Sur de Morelia y Acuitzio del Canje, para constituir un Centro de Educación Ambiental en la comunidad de San Pedro Piedras Gordas, es de gran relevancia para formar conciencia ambiental entre la población.

La construcción del espacio, que contará con el apoyo muy significativo del gobierno municipal de Madero, la colaboración de ciudadanos de la comunidad y un apoyo que la Comisión Forestal de Michoacán asignó por compensación de daños ambientales, hará posible una construcción modesta pero de gran utilidad para realizar conferencias, talleres, cursos, exposiciones, mesas redondas y más que dotarán de herramientas conceptuales, filosóficas, éticas, ecológicas, legales, técnicas, etc., a los pobladores interesados en la conservación de los ecosistemas de esta región.

Un esfuerzo de esta naturaleza no podría ser posible sin la concurrencia de académicos, técnicos y activistas que forman parte del Consejo Estatal de Ecología y que han respaldado el accionar ambiental de ejidos y pequeños propietarios que buscan proteger sus bosques, aguas y tierras de la expansión no sostenible e ilegal del aguacate y de frutillas.

Es un pequeño paso en el avance de la agenda ecológica local que busca construir liderazgos ambientales y mejorar las condiciones de vida de los pobladores de la sierra a través del bien más importante, que está por fortuna a nuestro alcance: la educación.

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