OPINIÓN: ORGANIZACIÓN, LUCHA, UNIDAD POPULAR AHORA Y DESDE ABAJO. Por Juan Pérez Medina (CUT – Michoacán)

 

Vamos a partir de la afirmación acerca de que es el trabajo el que genera la riqueza humana. Es la intervención del hombre en la naturaleza para arrancarle las materias primas que necesitamos. Es la acción del hombre que transforma con su trabajo estás materias primas en otros productos que necesitamos y consumimos. Todo hecho por el hombre y que está en el mercado no está ajeno a la acción del trabajo y lo hacen los trabajadores. Extraer minerales del subsuelo, energía del océano o el aire, construir carreteras, hospitales, escuelas, vehículos diversos que pisan el suelo o surcan el mar y el aire, hacer producir alimentos, convertir el petróleo o un sinfín de cosas en otras más sofisticadas como los medios de comunicación, la informática, la biotecnología y la robótica, son el resultado de la acción de millones de hombres y mujeres que todos los días trabajan en el mundo. El café que nos tomamos, la ropa que nos ponemos, el lugar donde hacemos deporte, donde nos divertimos, los tacos que nos comemos, etc., son producto del trabajo humano. El hombre tiene la capacidad de convertir la materia prima hallada en la naturaleza en un sinfín de cosas que usamos y que, en el capitalismo, en la sociedad actual se denominan como mercancías.

En esta sociedad se trabaja para vivir mejor. Pero hay trabajos que son primarios y que reclaman poca experticia. Son generalmente trabajo duro, como por ejemplo trabajar la tierra o hacer cimentaciones y levantar muros de una vivienda o construcción o extraer minerales del subsuelo. Hay otros que adquieren mayor complejidad y que requieren años de preparación, como el de hacer investigación científica para resolver problemas de salud, encontrar una cura o para atender problemas ambientales o también para llevar a cabo actividades que reclaman un conocimiento y por ello hay que estudiar y capacitarse permanentemente. Sin embargo, todas las actividades productivas, ya sean primarias, secundarias o terciarias.

El problema del trabajo humano es cuando éste también se convierte en mercancía y con ello se genera la desigualdad como producto de la ambición de aquellos que tienen la capacidad de comprar el trabajo como una mercancía sujeta en el mercado, al igual que todas, a la ley de la oferta y la demanda. La desigualdad se creó en el mundo cuando hubo excedentes de productos estando satisfechas las necesidades humanas. Entonces, los más poderosos de la tribu se quedaron con ese excedente y, cuando hubo necesidad de él, ya sea por guerra o sequía, este excedente se volvió más caro y objeto de control de parte de quien lo tiene. Así es como se comienza a dividir el mundo en clases sociales. Unos que tiene en sus manos los excedentes de la riqueza producida y otros que están subordinados a los primeros. Quienes tienen los bienes, adquieren los medios para producir (instalaciones, maquinas, herramientas, etc.) para que quienes necesitan trabajar para vivir trabajen para él. Mientras los hombres y las mujeres trabajan en una fábrica, en un restaurante o dependencia, hay alguien que se dedica a acumular riqueza a partir de quedarse con los excedentes del trabajo de sus trabajadores, así es como puede poner otra empresa u otro negocio o muchos de ellos e incursiona en otros giros. Sí inicialmente se dedicaba a la construcción, luego incursiona en la hotelería, o en la venta de alimentos etc.

Carlos Slim, el hombre más rico de México, aparte de ser dueño de Telmex, lo es de una cadena de hoteles, de un número significativo de minas, de parte de los negocios del nuevo aeropuerto, de la financiera Inbursa, de la cadena de pasteles el globo y de los restaurantes y tiendas departamentales Sambors, por decir de algunas de las tantas empresas de su propiedad. Pero en sus cientos de empresas, sus trabajadores ganan muy poco, pues la mayor ganancia es para él como dueño. La realidad es que el producto diario en esas empresas lo hacen los trabajadores, pero no obtienen por ello el costo de su trabajo sino solamente el que les impone el dueño de la empresa. Se menciona que las empresas de Carlos Slim emplean en el país más de 200 mil trabajadores. Si por cada uno de ellos, Slim recibe de ganancia un peso diario, al día recibe 200 mil pesos, al mes 6 millones y al año más de 2 mil millones de pesos. Mientras que sus trabajadores viven pagando créditos obtenidos para pagar la tele, el coche, la ropa, etc.

Ahora, cuando surgen otros grandes empresarios en los sectores en donde Carlos Slim, siguiendo el ejemplo, tiene sus empresas, empieza la competencia. Entonces Slim tiene que innovar para no perder sus ventas y continuar ganando los más de 2 mil millones de pesos anuales. Baja los salarios, soborna a los políticos para que le permitan contratar sin basificar, sin estar obligado a otorgar prestaciones y a correr a los trabajadores cuando intenten sindicalizarse o cuando alcancen 10 años de trabajar en sus empresas para que la liquidación sea mínima y no darle el retiro. Ahí crece la explotación. Si eso no es suficiente, debe entonces sobornar a los gobiernos para que le permitan extraer las materias primas que ocupan sin importar los riesgos ambientales, acabando con ríos, lagos, fauna y flora y desertificando los lugares en donde realizan la extracción. Por la ambición de las grandes

empresas en su voraz competencia por los mercados, han devastado el planeta y puesto en riesgo nuestra propia sobrevivencia.

Esto es el mundo desigual del capitalismo en donde se recrea la explotación y el robo, atentando contra la vida planetaria. Ellos ya han planeado emigrar a otro planeta cuando este haya quedado inhabitable. Por eso buscan en el espacio otros planetas en donde se pueda generar la vida. Para eso la riqueza que acumulan.

Esa debe ser nuestra principal preocupación. En la CUT no nos organizamos para ganar unas cobijas o unas despensas. No nos movilizamos para alcanzar dádivas; lo hacemos por eso, pero sobre todo y lo repetimos: sobre curso, por cambiar el curso de la historia. Hay que crear otro tipo de sociedad en donde no se explote el trabajo humano y no se sobre explote a la naturaleza. Y eso sólo podrán hacerlo los trabajadores. Los que apenas viven, los que sobreviven de vender su trabajo o de trabajar apenas para comer y vestirse sin más posibilidades.

El estado, la institución que nació para garantizar las relaciones sociales de producción. Es decir: para hacer valer la condición de hegemonía de los poderosos y de servidumbre de los trabajadores debe cambiar para que haya posibilidades de mejorar las condiciones de vida en el planeta. Nos toca a los trabajadores y esta es nuestra tarea.

Para emprender esta enorme tarea hay que unirnos. Sólo juntos podremos hacer posible que la vida cambie. Fue juntándonos el 1 de julio que logramos derrotar a la clase política depredadora y asesina que representaban el PRI, el PAN y el PRD y sus satélites. La unidad es la única alternativa. Pero no es la unidad en torno a alguien, sino en torno a ALGO.

Organizándonos podemos resolver los problemas más cotidianos: agua, luz, transporte, trabajo digno y decoroso. Organizándonos podemos mantener limpias nuestras calles, plazas, hospitales, escuelas. Organizándonos podemos organizar la producción y el consumo y producir juntos para ya no depender de los patrones. Organizándonos podemos plantar árboles y cuidarlos para que logren llegar a ser adultos. Juntos podemos cuidar los mantos freáticos y hacer que dejen de contaminarse y que no se acaben. Juntos podemos gobernar en el barrio, en la colonia, en la comunidad y en el municipio. Juntos podemos gobernar este país y este continente porque somos muchos; porque somos miles, porque somos millones y, lo más importante: porque somos trabajadores.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pin It on Pinterest