OPINIÓN: EL NUEVO MODELO EDUCATIVO (Parte 2 de 3) Por el Profr. Juan Pérez Medina (Red Movpap).

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Después de afirmar que la concreción del nuevo modelo educativo es casi imposible por tres razones fundamentales que son: su descontextualización, la incapacidad política del régimen y el enfrentamiento entre el magisterio nacional y el gobierno; debo mencionar ahora las posibles innovaciones que pudiera haber en él.

Para comenzar es necesario mencionar que el nuevo modelo está basado en competencias, por lo que en su forma de concreción o de entender el aprendizaje no hay novedad alguna. El modelo por competencias viene configurándose en el mundo desde la década de los setentas, como mecanismo para encontrar una salida a la enorme crisis capitalista que se presentaba en ese tiempo y que originó el abandono de las políticas proteccionistas y la apertura al libre mercado.

De hecho, es una propuesta que surge en el ámbito empresarial para atender dos cuestiones muy importantes que demandaba en ese entonces el neoliberalismo. Por una parte, se trataba de generar nuevos procesos de capacitación para llevar a la producción del ámbito industrial al de los servicios y, por otra, para desarrollar nuevas formas en la producción que estimulara la polivalencia entre los trabajadores a partir de cambios de actitud para producir más y mejor al interior de una empresa, sobre todo para disminuir o acabar ideológicamente con la contradicción capital trabajo e inaugurar una nueva idea acerca de la colaboración y el trabajo en equipo.

En México, la educación por competencias se introdujo a partir de la firma del Acuerdo Nacional para la Modernización Básica (ANMEB) llevada a cabo en 1994 por el siniestro Carlos Salinas de Gortari. Su puesta en marcha se dio a través del subsistema de Conaleps o bachillerato profesional técnico, que adoptó este modelo en la formación de sus estudiantes.

Este modelo está orientado a la formación de individuos aptos para trabajar en procesos indistintos de trabajo, que aceptan cambios drásticos para la flexibilización y la polivalencia. Aun y que promueve la colaboración, lo hace desde el esquema de la empresa; es decir: desde la intencionalidad patronal a fin de incentivar la producción.

El modelo no nos dice qué tipo de país queremos, sino que apuesta por una formación individualista que le permita a cada uno actuar en sus circunstancias. La educación por competencias promueve la formación para la vida personal y la autorrealización en un contexto en el cual la capacidad individual pretende ser la diferencia entre el éxito personal o el fracaso. La Unión Europea lo plantea como el enfoque capaz de garantizar “el acceso de las y los estudiantes a la vida adulta y al mercado laboral en condiciones de éxito personal”, cuestión que hasta hoy no se refleja totalmente y más bien lo que se mira es un creciente malestar social en esos países y en el mundo entero.

La idea, reza el modelo, es el de pasar de los enfoques memorísticos tradicionales a uno nuevo en donde los alumnos “aprendan a aprender, a razonar por sí mismos y a resolver problemas”. Esta intencionalidad no es novedosa, sino que su planteamiento deviene desde hace por lo menos más de cinco décadas. La misma Unión Europea la adoptó oficialmente en el año 2000 y nosotros queremos comenzar apenas. Lo de aprender a aprender no es en sí una innovación curricular cuando los planes y programas de estudio las vienen contemplando desde el gobierno de Vicente Fox.

En la renovación curricular de 2010, se plantearon 4 competencias básicas para la educación primaria y secundaria, que abarcaban la competencia lingüística, la matemática, la de conocer y explorar el mundo natural y social y la que promueve los valores para la vida personal y social. Todas continúan actualmente en boga en los programas de estudio diseminadas entre la organización disciplinar de los contenidos educativos. Pero todo ello no es una novedad, la escuela rural mexicana planteó un enfoque hacia la formación integral del individuo, basado fundamentalmente en la “escuela activa” de Dewey, Cousinet, Montessori, freinet y Decroly, quienes plantearon en su momento (1911), que el alumno debería pasar de ser un ente pasivo a uno activo y responsable de su aprendizaje, el cual debería ser contextualizado. En la escuela rural se “aprendía a aprender” sin duda alguna. El sinfín de actividades llevadas a cabo por el maestro y sus alumnos dentro y fuera del aula y de la escuela

y con la participación de la comunidad fue el resultado de la forja de la experiencia educativa más importante del siglo XX de la educación en México y una extraordinaria aportación para el mundo.

Si bien se plantean cuestiones como la autonomía de las escuelas y convertirlas en comunidades de aprendizaje, lo cierto es que ambas cuestiones aunque novedosas, están por verse. En 2011 se planteó esto mismo y hasta hoy las posibilidades para generar una verdadera autonomía escolar son aún una verdadera utopía.

Las formas en que la SEP asume el control de todos los procesos hacen imposible a las escuelas discurrir por senderos propios para mejorar los aprendizajes esperados por la comunidad escolar y la sociedad misma. De dientes para afuera, se menciona la autonomía de la gestión pero las condiciones de control administrativo, económico y laboral del sistema hace irrealizable tales dichos.

A manera de conclusión, lo anteriormente relatado nos muestra que por lo menos en lo que hace al enfoque educativo no hay novedades en el nuevo modelo educativo y sí muchos lugares comunes ya andados y sobre los cuales se ha dicho tanto hasta la bastedad. Seguiremos luego con la última entrega.

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