OPINIÓN: LA LEY DE SEGURIDAD INTERIOR

Por el Profr. Juan Pérez Medina.

En los últimos 50 años se ha intensificado el saqueo y la destrucción capitalista de los recursos naturales y, junto con ello, aumentado la explotación del trabajo proletario. Durante este tiempo y, sobre todo, a partir de la caída del socialismo soviético, se ha acelerado enormemente el proceso de destrucción del planeta a tal grado que hoy, como nunca, la vida humana está en riego de desaparecer, si no se detiene el deterioro del medio ambiente, el saqueo y la destrucción de la flora y fauna terrestre y marina y la pobreza sigue en aumento. Nunca el capitalismo nos había puesto en esta grave encrucijada. Si el sistema político actual y su modo de producción no es derrotado la vida humana acabará irremediablemente en este siglo y se impondrá la tesis de que la humanidad es incapaz de autogobernarse.

Una muestra de lo anterior está en lo que ha venido aconteciendo en nuestro país. Las características principales de la degradación planetaria y humana están a la vista y lo más grave, es que aún existen compañeros trabajadores que no se percatan de ello y continúan enajenados y a la deriva en esta barca sin retorno que es el sistema capitalista.

Por principio de cuenta, estamos sumidos en una enorme deuda con los agentes del sistema financiero internacional, que la hace impagable y se ha convertido en un lastre para el desarrollo del país y para garantizar la salud y la educación de los trabajadores mexicanos y sus familias. El pago de los intereses de esa deuda, que sexenio tras sexenio se incrementa brutalmente, significa en el presupuesto anual del país la cancelación de proyectos de desarrollo social, como la creación de nuevas escuelas y hospitales o como ocurre ahora con la UMSH, se recorta el gasto a este tipo de rubros, poniendo en riesgo instituciones públicas y limitando su capacidad de atención y cercenando derechos sociales elementales. A estos gobiernos lacayos que hemos venido teniendo del PRI y el PAN, nunca le hemos escuchado plantear que van a recortar el pago de los intereses de la deuda, pero sí lo hacen sin dudar con los programas sociales o el subsidio a instituciones de salud y educativas o con proyectos de vivienda o carreteras que estimulan el empleo. La deuda ya la hemos pagado por lo menos en cuatro ocasiones y sin embargo, todavía les adeudamos el doble de lo que nos han prestado. El otro problema es el de la corrupción. Un lastre que drena permanentemente la riqueza nacional. Sabemos que el país debe cuantiosos recursos al extranjero y que año con año pagamos enormes sumas a cargo de los intereses de esa deuda, pero no sabemos en dónde ha quedado el dinero que los capitalistas nos han prestado. Los miles de millones de pesos que significan los recursos obtenidos vía préstamos sólo han servido para beneficio de unos cuantos mientras que la mayoría de los mexicanos se dedica a trabajar para pagar lo adeudado. La riqueza producida por los trabajadores de este país es víctima de la corrupción y ha servido y sirve para generar enormes fortunas a manos de quienes nos gobiernan. Para los acreedores el negocio es el cobro de intereses y no el pago de la deuda. Eso no les gusta.

Nuestros gobernantes han entregado los bienes nacionales. Han privatizado el territorio nacional en cerca del 50%. Han entregado los litorales, los recursos del subsuelo, de los mares profundos, el petróleo, la energía, los medios de comunicación. Nos han arrebatado las conquistas sociales que nos legó la revolución mexicana. Existen muy bajos salarios, nulas prestaciones sociales, malos y limitados servicios de salud. En los hechos se ha terminado con el derecho de huelga, con el derecho a un salario digno, con empleo seguro y de base. Existe ahora una ola de violencia que día a día se acrecenta ante tanta barbarie. La delincuencia es producto de toda una política de opresión e insatisfacción social que el gobierno provee.

El malestar que está extendiéndose a todas las capas sociales se va expresando en permanentes manifestaciones de diverso tipo que va desde la defensa de los derechos humanos hasta la lucha por el agua, la tierra, los bosques, el territorio, salarios, pensiones y la vida, que crece y se está convirtiendo en un elemento permanente de acción que el gobierno ha intentado silenciar con la represión que crece en proporciones mayores que la misma protesta.

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