OPINIÓN. LA INVIABILIDAD DEL CAPITAL. Por el Profr. Juan Pérez Medina (CUT –MICHOACAN)

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Cinco muertes violentas dejó el fin de semana en la Entidad. Signo distintivo de nuestros tiempos. Tiempos neoliberales en donde los poderosos acuden a la ley (que les favorece, pues es su ley como grupo dominante que son), para justificar sus fechorías y la mandan al diablo cuando no hay que dar explicaciones. 4 muertos en Arantepakua el 5 de abril a manos de la policía y casi 40 detenidos y cientos de viviendas saqueadas. Todo en nombre de la ley y el orden. Su orden y su ley.

El neoliberalismo es inviable como sistema de paz y felicidad. Durante los siglos de su existencia ha demostrado que puede ser muchas cosas menos un sistema que promueva la justicia y la paz. Sus signos son los de la barbarie, sus principales basamentos son los de la explotación, el hurto, la mentira y el engaño. Sus elementos que lo mueven, que lo empujan hacia la destrucción cotidiana son la ambición, la discriminación y el miedo. Con ellos se hace a diario la tarea de ponernos en peligro.

Es un engaño la forma brusca en como el gobierno de Peña Nieto ha pretendido vender su versión de los hechos respecto de los sucesos en Iguala el 26 de septiembre de 2014, en donde 4 jóvenes perdieron la vida y 43 se encuentran desaparecidos. Hay demasiados indicios que apuntan a la policía y el ejército, por lo tanto, el responsable es el Gobierno. En Nayarit se oía decir que el que mandaba era el fiscal del estado y no el gobernador. El pueblo nunca se equivoca. Ahora se sabe que el fiscal era el jefe de una poderosa red de bandas delictivas que operaba en toda una zona del país y que gozaba de impunidad al grado de formar parte principalísima del gabinete del Gobierno priista de ese Estado. ¿En dónde comienza y acaba la relación entre el gobierno y la delincuencia? ¿Cuándo vas a hacer una denuncia ante las autoridades, sabemos con quién estamos tratando? En todo el país se sabe que el narco financia la carrera política de un sinfín de gobernantes y diputados y senadores. Se sabe además que forman parte de las estructuras que nos gobiernan para actuar con toda libertad en contra del pueblo y a favor de los más poderosos. Así es el narco. Cuando se vuelve inútil o estorboso alguno de sus capos, entonces lo envían a la cárcel, lo extraditan o lo asesinan, pero las estructuras de poder siguen intactas. Unos van y otros vienen.

¿Cómo explicar los siniestros hallazgos encontrados en fosas clandestinas que se multiplican por todo el territorio nacional? Más de 25 mil 500 personas han desaparecido en México entre 2007 y la mitad de 2015. ¿Serán acaso estos muertos encontrados hechos huesos parte de esta cifra gubernamental o son otros más que no han entrado a las listas? Fosas en Guerrero, en Michoacán, en Veracruz, en Tamaulipas y ahora en Morelos. Fosas con muchos muertos. ¿Y los culpables? En este país de la impunidad los muertos, muertos son y no hay nada que pueda dignificarlos, devolverles el rostro, el nombre y hacer que se haga justicia.

Las imágenes desencadenadas por la violencia represiva en Arantepakua nos demuestran la verdadera cara del poder. Niños bajo la mira de un hombre armado, casas vueltas para arriba y con destrozos visibles, hombres y mujeres corriendo bajo la ráfaga de los disparos y los cuerpos inertes de los muertos. La violencia desmedida. La brutalidad inhumana de los guardianes de la paz neoliberal, en donde los que protestan o parecen sospechosos de estar inconformes son asesinados o enviados a alguna de los cientos de centros penitenciarios. No hay dinero para atender los problemas que genera la pobreza, pero sí hay para armar hasta los dientes las fauces de los “defensores del orden”, de su orden claro está.

Esto es necesario. Pasa porque el poder no puede permitirse ninguna concesión que trastoque el orden actual y la forma en que se recrea la explotación cotidiana del hombre por el hombre y que se exacerba más en los países más pobres. El propio imperio, (y con ello me refiero a los países más poderosos de la tierra), se encarga de mantener en cada país subdesarrollado los elementos para la discordia, para dificultar la unidad nacional, pero sobre todo la unidad de la clase trabajadora, su enemiga principal y; cuando esto no es suficiente, entonces ellos de manera directa entran a escena declarando la guerra y actuando en nombre de la “libertad” que a los países pobres y a los pobres del mundo nos niegan. Así ocurre en Siria donde el gendarme principal del mundo ha atacado una vez más sin el consentimiento de nadie y en contra de un pueblo mucho más débil con el objetivo de acabar con su gobierno y suplirlo por uno servil a sus propósitos. Salve decir que esta determinación puede ser la introducción a una serie de hechos que nos conduzcan a una tercera guerra mundial, cuyas consecuencias serían desastrosas para la humanidad.

Pero el sistema se alimenta de sudor y sangre. Sudor y sangre de los desposeídos. De los que viven a diario bajo el riesgo de que ese día sea el último. Son la inmensa mayoría de los muertos, de los ultrajados, de los humillados, de los desaparecidos. Son pues las víctimas y, al mismo tiempo el peor de los miedos de los poderosos. Silvano lo sabe, y lo sabe tanto como lo sabe, por ejemplo, Donald Trump. No sé si lo sepa Peña Nieto, dada su escasa capacidad intelectual, tengo mis dudas.

Días difíciles están por venir. Días en que la ley permitirá disparar como lo hicieron ahora en Arantepakua y, sino la ley no lo permite, de todas maneras lo harán. Son días en que la ley es una palabra que sólo cuenta para asestar un golpe sobre los condenados de la tierra. Con toda la brutalidad y con toda la impunidad posible. Sí es el capitalismo de nuestros días. Así.

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