EXCLUSIVA: SENTENCIAN A 50 AÑOS DE CÁRCEL A JOVENCITO POR PARTICIPAR EN UN SECUESTRO

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POR ANDRÉS RESILLAS

Un joven, de nombre José Alfredo C, de apenas 21 años de edad, fue sentenciado a purgar una pena de 50 años de cárcel por participar en el secuestro de un profesionista; el imputado era el más joven de un comando armando de seis sujetos.

La víctima lo reconoció plenamente tanto por su voz, como por un tatuaje que lleva impreso en el brazo derecho, ya que José Alfredo fue quien lo cuidó por seis días y en algunos descuidos le alcanzó a ver el rostro.

El resto de la banda de secuestradores está prófuga y durante el juicio oral realizado, la Fiscalía aportó pruebas que para los jueces fueron suficientes para considerar culpable a José Alfredo.

Una vez que el Congreso del Estado decidió aumentar la pena del secuestro a 50 años, los juzgadores están imponiendo la máxima penalidad. En tan sólo un mes, ya son dos personas a las que se les condena de esa manera.

LOS HECHOS

Abel C. viajaba en su camioneta Silverado gris hacia su casa, una vez que terminó su jornada de trabajo. Su camino era hacia Torreón Nuevo, en las orillas de Morelia, era de noche, cuando una camioneta Arcadia obscura, con sujetos armados abordo lo interceptaron.

Cuando Abel vio que eran cuatro sujetos vestidos de azul como el uniforme de los policías preventivos, mientras que otros dos portaban playeras de la Procuraduría General de Justicia del Estado y que todos empuñaban rifles AK-47 se tuvo que detener.

Lo subieron a la camioneta Arcadia con empujones y golpes. De inmediato le pusieron una venda en los ojos para que no reconociera a sus captores. Uno de los sujetos también se apoderó de la camioneta y se perfilaron hacia Morelia.

El escondite de los secuestradores se ubica cerca de la zona de la Mintzita; es una casa como cualquiera, pero apartada por varios lotes, del resto de las demás.

Los plagiarios se comunicaron con la familia de Abel: querían 50 mil pesos a cambio de su libertad.

Los familiares aceptaron el trato, reunieron el dinero y acudieron a dejarlo donde les indicaron los captores de Abel. Pasó un día y la víctima no fue liberada. Entonces los parientes avisaron a la policía en la Procuraduría de Justicia, cuya sección anti secuestros comenzó a trabajar en el caso.

Pero los secuestradores no estaban conformes con los 50 mil pesos y pidieron que les entregaran la factura de la camioneta Silverado, la cual fue ocultada. La familia accedió.

Los agentes anti secuestros iniciaron su trabajo; grabaron llamadas telefónicas de los plagiarios, investigaron en la zona donde ocurrieron los hechos. En eso estaban cuando Abel por fin fue liberado.

Del cuatro al 10 de mayo del 2016 Abel estuvo recluido en una casa de seguridad por la zona de la Mitzita.

Fueron seis días los que Abel estuvo amarrado y vendado de los ojos. Confesó que en algunas ocasiones la venda se aflojaba y alcanzaba a observar parte de la habitación donde dormía, así como los brazos de quienes le daban de comer.

También se fue familiarizando con la voz de los delincuentes y la forma en que se comportaban. Ello se rotaban la vigilancia del secuestrado

Uno de los delincuentes era nombrado como José y tenía un tatuaje impreso en el brazo izquierdo con la figura de un pescado a colores. El nombre y el tatuaje de uno de sus celadores, jamás los olvidaría Abel.

DETIENEN A SOSPECHOSO

Abel les contó a sus hermanos del cautiverio a que estuvo sujeto, así como los detalles más importantes y la forma en que se manejaban sus captores. Les contó que uno de ellos tenía un tatuaje con la figura de pescado en el brazo izquierdo.

Uno de sus hermanos, de nombre Roberto, días más delante de ocurrido el secuestro, acudió a la Fonda “Rosita” para almorzar en la zona de Torreón Nuevo.

En eso estaba cuando llegó un joven y pidió que le prepararan 10 tortas de diferentes guisados para llevar.

Roberto volteó para ver quién hacia el pedido y alcanzó a observar que ese joven tenía un tatuaje con el dibujo del pescado en el brazo izquierdo; recordó el relato de su hermano Abel y se alertó. También relató que al sentir su mirada, la persona se puso nerviosa.

Sacó de su bolsillo su celular y discretamente le tomó varias fotografías al joven que esperaba el pedido de las tortas. Le llamó de inmediato a su hermano Abel y éste le contestó que avisaría a los agentes anti secuestros que llevaban su caso.

El hermano de Abel siguió al joven de las tortas y cuando habían caminado una cuadra, la patrulla de los policías lo interceptó.

Se trataba de José Alfredo C. de 21 años de edad, quien durante horas guardó silencio y no le contó a la policía si estaba involucrado en el secuestro de Abel así como el nombre de sus presuntos cómplices.

JOSÉ ALFREDO SE DICE INOCENTE

Durante el juicio oral al que fue sometido durante varias semanas José Alfredo se manifestó inocente de la imputación.

La Fiscalía presentó a Abel como testigo y éste afirmó que José Alfredo fue uno de sus secuestradores, que le alcanzó a ver la cara y que como característica especial tenía un tatuaje con figura de pescado a colores en el brazo izquierdo.

Para la defensa de José Alfredo no está bien realizada la investigación de la Fiscalía; argumenta que el propio Abel no le vio la cara completa a su cliente para asegurar que él fue uno de sus plagiarios y que el tatuaje es circunstancial. Acusó a la Fiscalía de las deficiencias de la investigación.

Sin embargo, el Tribunal de Enjuiciamiento del Supremo Tribunal de Justicia consideró que eran suficientes las pruebas para declarar culpable del delito de secuestro a José Alfredo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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