CRÓNICA: ES POCA LA SENTENCIA PARA TODO EL DOLOR QUE NOS HAN CAUSADO: MADRE DE JOVEN ASESINADO

POR ANDRÉS RESILLAS//

El dolor es inmenso. En ellos es evidente.

Me acostumbré a mirarlos así y compartir su pena.

Los padres y madres de familia no mostraron alegría por la sentencia aplicada a Juan Carlos Arreygue Núñez y a los cuatro policías inculpados.

“Es poco, comparado con todo el dolor que nos causaron. No fue justo el juicio”, dice una seria y triste María Eugenia Torres.

Nunca los vi sonreír durante los dos años que duró el enjuiciamiento. Son cuatro o cinco padres que nunca faltaron a las audiencias. Presenciaron más de 200 horas de audiencias orales, interminables, aburridas y con alegatos sobre asuntos que nada tenían que ver con los asesinatos de sus hijos.

Para ellos, los 247 años de cárcel que se le aplicaron en la sentencia a Juan Carlos Arreygue y los otros 300 que acumularon también los cuatro policías.

Hasta el final lucharon para que los acusados recibieran una condena. Hace semanas en la manifestación que realizaron pidieron la pena máxima y el Tribunal se los concedió, pero es demasiado el dolor.

También percibí que en algunos de ellos el dolor era compartido con una impotencia por hacer algo para que llegara la justicia.

Es que la muerte de sus hijos fue un acto absurdo, sin razón, sin justificación. Fue tal la barbarie con la que perdieron la vida, que los padres siguen traumatizados por la falta de argumentos para que les arrancaran la vida a sus hijos.

“Va ha ver más muertos”, me dijo hace meses uno de los padres. No le quise pedir explicaciones, pero era evidente su impotencia.

Pocos juicios están tan cargados de dolor y rabia como el de los 10 jóvenes asesinados y calcinados el 28 de julio del 2016.

Los desplantes de impotencia y la ira contenida fueron constantes.

La familia López Guillén no sólo perdió un hijo en el asesinato colectivo, sino otro de sus miembros falleció cuando venía de la Ciudad de México para presenciar la audiencia oral. Otro golpe devastador.

Pero la tranquilidad no llega para los padres de familia. Tanto la Fiscalía como la Asesoría de Víctimas ya les explicaron que los acusados tienen derecho a impugnar la sentencia en instancias superiores, incluyendo la justicia federal.

El dolor es tan inmenso que a estas alturas poco les importa la sentencia. No saben qué hacer con su dolor, con su impotencia.

La barbarie no tiene explicación.

 

 

 

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