OPINIÓN. ZAMORA: ¿DERRIBAR LOS MUROS DE LA COLONIA SANTA FÉ? Por J. Luis Seefoó Luján

La tarde-noche del jueves 30 de julio de este 2020 recorríamos la calle Azucena, de sur a norte por Alicante para llegar a Manantial, calle en la que transitamos solo un tramo (oeste – este) y en el punto del conflicto (el muro del Santa Fe) saludamos con gusto a Juana Araceli Cárdenas Sánchez, directora del DIF-Zamora (diputada local suplente de Tere Mora, ex directora de desarrollo social).

Fue grato verla supervisar las acciones urgentes que se han aplicado para facilitar la vialidad y para dar cauce a un volumen inmedible de aguas negras procedentes de las rinconadas 1-18 y las pluviales de las rinconadas 2 a 18 de Progreso Nacional más el agua negra de Cosmos y Alicante (Empacadora El Duero) que desde hace años han constituido un foco de infección para los habitantes de las rinconadas 14, 16 y 18 cercanas a la calle Azucena.

De los dos problemas más visibles (vialidad y drenaje), no los únicos, entiendo que la barda construida de este a oeste para cerrar el acceso a Santa Fe por Azucena hacia Manantial y de ahí a Madero, no constituía la obstrucción principal al flujo normal del drenaje sino los desperfectos del cárcamo de bombeo, el azolve de los ductos y la basura que propios y extraños arrojamos a la calle.  La barda fue derribada la mañana del día 21 de julio y el agua sólo fluyó hasta que el vactor desazolvó el ducto principal. Previamente se cavó una zanja -un drenaje a cielo abierto- que trasladó las heces fecales diluidas unos metros adelante en un extenso baldío. El viento, insectos y pequeños roedores se encargarán de regresar ese excremento homogeneizado a las casas vecinas de Progreso y Santa Fe.

La barda no es el estorbo principal al agua de riñón

En el imaginario social parece que el daño surgió con Santa Fe. La cuestión, de fondo, es la urbanización como negocio sin una valoración efectiva de la pendiente del suelo en toda la ciudad de Zamora y de la corriente del Duero que ha sido el drenaje por excelencia para Zamora y Jacona.

Confieso que me falta precisar si ese sistema de bombeo de agua jabonosa, orina, heces fecales data desde que se construyeron y entregaron las casas de Progreso Nacional (junio y agosto de 1993) o hay que fecharlo en la administración de Alfonso Martínez Vázquez, El Gallito (2008-2011). Actualmente el cárcamo está en desuso, no se observa la bomba ni las instalaciones eléctricas y es necesario  para dar salida a las aguas negras en condiciones de desnivel del suelo.

A riesgo de colocarme como “abogado del fraccionador”, reitero que la barda de Santa Fe (Martínez Acevedo) no era el obstáculo principal al flujo de “agua de riñón” ni a las pluviales (lluvia) aunque así lo parezca. Por gravedad es imposible que el agua pluvial fluyera por Azucena dos metros delante de la barda derribada el día 21 de julio.

Cierto que las descargas de aguas servidas y las de Tláloc, procedentes de Santa Fe acrecientan el flujo y acarrean sólidos de todas clases, entre ellos residuos de la construcción.

Disponer de un acceso alterno para transitar de Valencia, Pradera, Progreso y Cosmos  por Azucena-Manantial y arribar al CBTIS 52 es un buen desahogo para las familias que tienen a sus hijos estudiando en esa institución. Recorrer Manantial (este-oeste), desde Madero, para llegar a Progreso por Azucena (norte-sur) en sustitución de Alicante es una ganancia más simbólica que real.

No obstante el “estorbo”, sería de alto riesgo para las familias de Santa Fe que las calles Río Puente y San Francisco (este-oeste) las conectaran libremente con la avenida Madero. Lago Norte, Río Puente y San Francisco son espacios de altos muros, bodegas, talleres, etc. transitables de prisa sólo de día y por tiempos  limitados.

¿Un gobierno contra la fe?

No, no conozco la posición religiosa de Martín Samaguey, alcalde, ni las creencias de Juana Araceli Cárdenas Sánchez, directora del DIF, Juanita para la gente, pero no se trata de fastidiar a los residentes que han pagado una lana por vivir separados de los (más) pobres. Eso sí: (me)  entusiasma ver a Juanita con sus pantalones de mezclilla azul, blusa y tenis blancos, plantarse en ese lugar insalubre y dialogar con los vecinos para atender un serio problema de salud pública. No son acciones contra los moradores del Santa Fe, no es una posición de laicismo republicano contra la santísima fe.

Esa tarde de jueves no pude evitar decirle: ¿Cómo se animaron? En años ningún gobierno se había atrevido a mover un ladrillo de los fraccionadores poderosos de Zamora. El Santa Fe (o sea Martínez Acevedo) es sólo un ejemplo de cómo el negocio inmobiliario, la omisión (y acción) de Obras Públicas y la necesidad de la gente de una vivienda segura y protegida de los más pobres, han devastado (desmadrado) el entorno urbano de Zamora.

Los llamados “cotos residenciales”, como Santa Fe, empeoran la caótica vialidad, descargan sus aguas negras al colector más próximo (Azucena sur-norte) transfieren ruidos, vibraciones y alteraciones paisajísticas al colocar  transformadores de energía eléctrica en otro lugar (Cosmos). Son islotes urbanos que contribuyen a empeorar las redes urbanas.

Tampoco es justo cargarle toda la responsabilidad al fraccionador. Cabe considerar que ese tipo de fraccionamientos  resuelve varias necesidades al consumidor (comprador): a). distinción; el hecho de vivir en una calle cuyo nombre evoca otro país, otra región o una especie de árbol talado, genera satisfacción; b). seguridad porque no entra persona alguna si no tiene invitación; c). diferenciación respecto de la gente más pobre; y, d). al mismo tiempo, el vivir cerca de familias de menores ingresos asegura mano de obra barata para lavar la ropa, planchar, lavar los vehículos y arreglar el jardín.

A reserva de conocer más y discutir el tema, me parece que ha sido un acierto de Martín y su equipo en SAPAZ (ing. Rosendo), la directora del DIF (Juanita), obras públicas, animarse a incomodar a los poderes fácticos. Será complicado -y no se cómo se atrevieron- a molestar a quienes en los hechos gobiernan Zamora.

Derribar el muro de Santa Fe, aunque  sólo sean unos metros es un hecho inédito. Nada fácil “meter en cintura” a tanta gente -no sólo grandes empresas inmobiliarias- que como hormiguita se apropia de jardines, áreas verdes y banquetas. Es tiempo de (re) construir la ciudad con otra fe, más cercana a las personas y a la naturaleza.

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