REBELIÓN EN MORENA ANTE LA INVASIÓN DE CHAPULINES POLÍTICOS Y LÍDER FUEREÑO

POR ANDRÉS RESILLAS//

La traición política cometida por los diputados Mayela Salas, Francisco Cedillo, Sandra Luz Valencia, Laura Granados Beltrán y Osiel Equihua sirvió como mecha para que los fundadores de Morena en Michoacán tronaran contra la dirigencia que encabeza Sergio Pimentel.

En la acalorada asamblea estatal los morenistas reprocharon la conducta de sus dirigentes y diputados, dicidiendo expulsarlos de sus filas.

A Sergio Pimentel lo acusaron de doble cara, pues por un lado exige congruencia política a los diputados traidores y por el otro busca permanecer a toda costa en la dirigencia estatal de este partido.

Y es que el desplazamiento de los originarios de Morena es casi un hecho. Ello gracias a la llegada de ex perredistas encabezados por el diputado federal Carlos Torres Piña y su movimiento ADN, que pretende posicionarse en los puestos de elección popular que estarán en juego en el 2021.

La trifulca interna registrada meses atrás durante la elección de los delegados partidistas, evidenció los intereses de las nuevas tribus que arribaron a un partido que tenía la esperanza de ser diferente.

El agandalle político por apoderarse de las posiciones de dirección es el primer paso en la estrategia de los arribistas.

Será labor de los fundadores de defender los espacios y lograr que sean las bases de los militantes en todos los municipios que seleccionen libremente a sus líderes.

Líderes con solvencia moral; que respondan a los intereses de las mayorías y no se dejen malear por políticos que han medrado toda su vida a costa de los demás.

DIPUTADOS TRAIDORES

Tal vez desde el punto legal no logren ser sancionados los legisladores que cometieron traición el pasado 30 de diciembre.

Es posible que salgan librados de la grave acusación de su partido de haber vendido su voto a cambio de aprobar el endeudamiento estatal.

Pero es incuestionable que ya perdieron la confianza de los militantes y directivos de Morena. Se quedaron solos. Abandonados y, lo peor, con el estigma de ser unos inmorales políticamente hablando.

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