OPINIÓN. PRESUPUESTO A SU MEDIDA. Por Julio Santoyo Guerrero

Contra viento y marea el Ejecutivo Federal salió avante con su propuesta presupuestaria para el 2020. Sin contrapesos efectivos -ya muy achicados-, con una oposición apocada y una mayoría partidaria, que no obstante los disensos internos, terminó disciplinándose a su también jefe de partido, no tuvo necesidad de realizar ajustes al margen de su visión. El presupuesto 2020, refleja con claridad la doctrina económica del presidente y un calculado interés político con visión de futuro.

Identificar en qué se va a gastar más es tanto como mostrar la radiografía del cálculo político y la percepción que se tiene de la realidad mexicana. Para cada sexenio y para cada año aplica la misma premisa. Cada sexenio tuvo sus prioridades y sus propios intereses políticos, que al final de cuentas trataban, como ahora, de ser congruentes con su Plan Nacional de Desarrollo o la visión que tenían del país. Si dieron resultados para cada rubro es una cuestión que ya ha sido juzgada a la luz de los hechos o será juzgada por los análisis que ordinariamente se realizan. Lo que se gastaba en seguridad pública, por ejemplo, no dio los resultados esperados y así lo consignan los hechos. Al final la política pública termina siendo sancionada en gran parte por la manera en que se ejerció el gasto.

Los criterios explícitos que subyacen en el presupuesto 2020 se resumen en el lema «primero los pobres». De ahí el crecimiento extraordinario de los recursos asignados a la Secretaría de Bienestar que aplicará programas, que por entrega directa, busca que los recursos lleguen sin intermediarios a los que menos tienen. Si este método  resulta eficaz para combatir la pobreza se sabrá en breve a través de los estudios que genera el CONEVAL. Si sólo se trata de una estrategia electorera que además no modifica las condiciones estructurales de la pobreza, como ya se ha denunciado, también se conocerá.

La apuesta presidencial a una política de recuperación de Pemex, muy controvertible incluso por los inversionistas, se ha expresado en una asignación presupuestaria bastante generosa. La Secretaría de Energía tendrá así un incremento de más del 78 % con destino para la refinería de Dos Bocas.

Y no dejará de causar todo tipo de valoraciones el hecho de que la Secretaría de Gobernación, que no obstante su decisivo papel en la gobernabilidad de la república, le hayan recortado más del 90 % del presupuesto. Si hasta ahora ha cargado con el San Benito de jugar el papel de florero entrará ahora en el terreno de las instituciones literalmente rasuradas, desaparecidas. Esto podría interpretarse, conforme al estilo de gobernar del presidente, que no le es en absoluto necesaria porque todos los asuntos de gobernabilidad o los atiende directamente el Ejecutivo desde Palacio Nacional o los asigna a sus cercanos como el Canciller Marcelo Ebrard. Quien por cierto, ha sido premiado con un generoso incremento del 2.24 %, no obstante que gran parte de la estructura que venía operando hasta diciembre del 2018 fue desaparecida.

Para las valoraciones está también la reducción del presupuesto a la Fiscalía General de la República, que le asignaron 1,500 millones de pesos menos que lo contemplado en la propuesta inicial. Es un organismo autónomo de gran importancia para cumplir con la demanda pública de justicia y el combate a la impunidad. Pero semejante suerte corrieron todos los organismos autónomos, sobre los que recae la desconfianza y malquerencia del Ejecutivo Federal. ¿Cuál será la afectación? Los hechos hablaran por sí mismos.

Algunos sectores de la población estarán aplaudiendo el gesto generoso del Estado, que a través de su gobierno, entrega recursos para amortiguar la pobreza. Sin duda que es un gesto reconocible. La duda es que ese sea el mejor método para atacar la pobreza. En contraste los recursos asignados para respaldar la productividad, es decir, la generación de riqueza y empleos aparecen disminuidos: menos en infraestructura pública y una rasurada del 30 % a la Secretaría de Economía, a lo que se suma la pérdida de confianza de los inversionistas privados.

Si el método de repartir recursos en efectivo se privilegia sobre el paradigma de generar riqueza y empleos llegará el momento en que se agote lo que se reparte porque no habrá riqueza creada. El gobierno federal tendrá que demostrarnos en los meses que vienen que su paradigma funciona y que era una nimiedad preocuparnos por la generación de empleos y de riqueza.

La concentración del presupuesto en manos del ejecutivo federal, bajo el pretexto de malas prácticas: burocratismo e ineficiencia, o abiertamente problemas de corrupción (no siempre demostrado y claramente dimensionado), precarizará la operación de los gobiernos municipales, que son el sustento básico de la gobernabilidad de la república. Podríamos ver a lo largo del 2020 el incremento de conflictos sociales derivados de la falta de atención por ausencia de recursos y un choque frontal contra la política concentradora del presupuesto. Pudiera ser que esta variable esté contemplada como parte de las políticas que personalmente el ejecutivo atenderá pasando por encima de gobernadores, pero a través de los super delegados federales, fortaleciendo medios de gobierno ajenos a las soberanías estatales y arruinando las autonomías municipales.

Si con este presupuesto el presidente echa a andar al país y revierte la tendencia negativa del crecimiento económico y alcanza el 4%, como lo prometió, logrando la generación de empleos que se necesitan, atiende las demandas de obra de las localidades demandantes, revierte los indicadores de seguridad, reposiciona a Pemex en el mercado, avanza en calidad educativa, incrementa la productividad y competitividad del campo, fortalece a las instituciones, logra un sistema de salud para todos como el que tienen los países nórdicos, se fortalece la cultura en todas sus expresiones, garantiza el derecho de los mexicanos a un medio ambiente sano, querrá decir que acertó, ¡y qué bien!

De no ser así la pérdida de credibilidad lo hará vulnerable para el 2021, a menos que la enorme cantidad de recursos obsequiados en programas sociales le aseguren la mínima popularidad que necesita para refrendarse en la elección intermedia (20 millones de beneficiarios y electores). Después de todo, el presupuesto fue hecho y aprobado a la medida de sus necesidades políticas.

Con seguridad el presidente apuesta a cosechar con abundancia. Ojalá que no se equivoque porque los daños serán para todos.

 

 

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