OPINIÓN. LA OEA, EL FRANCOTIRADOR DE DONAL TRUMP. Por Efraín Barrera Medrano

Siempre he creído que la Organización de Estados Americanos es un organismo de poca monta, que nada resuelve y cuando se involucra en algún tema lo hace actuando como brazo político e inquisidor de USA en el contexto latinoamericano, me sorprendió que ahora se haya convertido en el garante de la transparencia electoral boliviana tanto que fue capaz de hacer suya la demanda de la oposición y anular un proceso electoral organizado por las instancias legales de ese país andino.

El pueblo mexicano ha sido víctima de vergonzosos hechos que han dañado el alma de nuestro país y jamás vimos interés en este organismo por hacer alguna recomendación en favor de los caídos en Tlatelolco el 68, de los estudiantes asesinados el jueves de corpus del 71, de Aguas Blancas, la insurrección zapatista, Acteal, Ayotzinapa, etc., o de pronunciarse respecto de los resultados de la elección del 88 cuando Salinas le hurtó la presidencia al Ing. Cárdenas; o que hayamos conocido alguna preocupación por las manifestaciones de inconformidad del pueblo por el controversial resultado del 2006, que “haya sido como haya sido” Felipe Calderón se quedó con la presidencia.

En fin, podríamos señalar un rosario de linduras a nuestra democracia y de otros países miembros y la OEA nunca dijo nada, sin duda porque los intereses que defendían los gobiernos en turno no coincidían con los del pueblo que luchaba.

Es fácil entender que el combustible que mueve a la OEA no es el respeto a la autodeterminación de los pueblos, tampoco la justicia ni la soberanía de los países miembros, ni el respeto a sus democracias, si éstas atentan contra los intereses de quienes desde atrás mueven los hilos conductores de poder. Queda demostrado que su deplorable papel es el de garantizar el ESTATUS QUO de los gobiernos a modo y avalar revueltas sociales que desestabilicen otros que no convengan a los intereses oligarcas ni al espíritu expansionista de los Estados Unidos, lo hemos visto en Cuba y ahora en Venezuela que no ha podido con Maduro pero que de verdad lo ha intentado.

En Bolivia si pudo porque mediante un plan estratégico fraguado con mucha anticipación y aprovechándose de la pretendida tercera reelección de Evo morales el 20 de octubre, éste perdió potestad sobre sus cuerpos de seguridad, y el ejército y su policía, pudieron ser penetrados y controlados por factores de poder económico, por lo cual se rompió la línea de mando constitucional; tampoco pudo articular una movilización social a tiempo para contener las embestidas a las que fue sometido por 3 semanas consecutivas, con lo cual el presidente quedo aislado. Algo que sí hizo Maduro en Venezuela.

No es coincidencia que el propio secretario del organismo Luis Almagro se haya pronunciado en favor de los golpistas tras asegurar que lo que sucedió en Bolivia fue producto de un autogolpe del gobierno al cometer fraude electoral, postura que fue aplaudida por USA y sus aliados, quienes además, ahora arremeten contra México por haber brindado asilo político al depuesto presidente. De haber permanecido en Bolivia, Evo Morales hubiese sido arrestado o asesinado; que mejor oportunidad para borrar cualquier vestigio de un liderazgo indígena antimperialista; en la cárcel sería un mártir vivo y peligroso, y en el panteón, sería un héroe, sí, pero muerto, que jamás podría cumplir anhelos ni aspiraciones de nadie y solo sería un testimonio histórico que adornaría los libros de texto de ese país, pero sin estorbarle a los grupos fascistas locales y extranjeros.

Es evidente que lo de Bolivia es tema electoral con connotaciones geopolíticas para USA, en donde por un lado, los gabachos no quieren arriesgarse a perder el control de los países del continente americano y presumir al resto del mundo su hegemonía regional, y por el otro, el inminente proceso electoral en el que TRUMP buscará reelegirse; su eventual reelección pasará por dar viabilidad a su proyecto neoliberal avalado por la mayoría de los gobiernos de la región que, por cierto ha sufrido fuertes sacudidas; primero por la frustración de no haber podido tumbar a Maduro, después con los disturbios y movilizaciones sociales en Chile, que es emblemático del modelo capitalista en Latinoamérica y ahora con el reciente triunfo de la izquierda en Argentina y que de acuerdo a los pronósticos también perdería BOLSONARO en Brasil.

A Donald Trump le urgen golpes de timón que catafixien sus aspiraciones reeleccionistas, tanto que, contra la doctrina de su gobierno, ya dejó entrever la posible promulgación de una ley para legalizar los migrantes que no tengan su récord manchado en ese país, algo inimaginable en la agenda de su primera campaña hace casi 4 años.

El mejor caldo de cultivo lo encontró en Bolivia, ante un Evo Morales que confiado en su liderazgo creyó ilusamente que podría reelegirse por tercera ocasión eliminando los límites que para el caso establecía la constitución de ese país, entregando ingenuamente la mejor bandera a sus detractores que les alcanzó para quitarlo del poder y exiliarlo a México; a juzgar por lo vertiginoso de los hechos, Evo Morales no se percató del sigilo con que actuaron los sectores antagónicos y del mayúsculo zarpazo que le asestaron; fue sorpresa para él y para todo el mundo lo que sucedió en tan poco tiempo, pues los reflectores estaban puestos en Venezuela y Chile.

Asestado el golpe, ahora los Estados Unidos utilizarán la OEA como francotirador de largo alcance para asestar sus mejores tiros de precisión; apretará la tuerca desde ese espacio hasta lograr que Bolivia sea un escarmiento y una advertencia para aquellos gobiernos progresistas anti neoliberales del continente, como México, Cuba, Venezuela, Nicaragua, entre otros. Habrá que esperar cómo reaccionan los grupos indígenas y organizaciones sociales afines a Evo morales y qué capacidad tiene éste para, desde el exilio, organizar la resistencia y proveer de esperanza a su gente mayoritariamente indígena, que por un error de cálculo político de su gobierno, en estos momentos se encuentra viviendo en un drama, humillada, y sobre todo, agraviada por lo sucedido.

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