VENDAN LAS PROPIEDADES DE RAFAEL CHAO; TIENEN MUCHAS: SECUESTRADORES

Abduction

POR ANDRÉS RESILLAS/SEGUNDA PARTE*

El lunes dos de octubre Rafael Ch., nieto del ex tinto Rafael Chao López, fue levantado en su taller de hojalatería y pintura por cinco sujetos vestidos de policías.

La camioneta Dodge Ram blanca, igual a las que usan en la Fiscalía General del Estado, arrancó con Rafael y sus captores. Calles más adelante cambiaron de vehículo. Los hermanos Juan Manuel y José Carlos M, de 18 y 20 años de edad abordaron el carro Mitsubishi con placas de la Ciudad de México.

Rafael fue cubierto con una cobija blanca, estampada de flores y aventado en el asiento trasero del vehículo.

Después de 15 minutos, llegaron a la casa de seguridad en la colonia Jesús Romero Flores. Es un inmueble de una sola planta. Deshabitada. En una de las recámaras fue recluido Rafael. Le dejaron las esposas y en uno de los pies también le colocaron una cadena con candado.

Todo salió conforme lo planeado.

Cristina, la madre de la víctima fue quien estuvo atendiendo a los secuestradores por teléfono. De inmediato la familia dio parte a la Fiscalía y el grupo Anti Secuestros entró en una acción. Una agente femenina fue asignada para asesorar a las víctimas con los delincuentes.

“No señor, yo no tengo un millón de dólares para dárselos. No sé de qué me está hablando. Nosotros no sabemos de las deudas de Rafael Chao López”, le suplicaba la señora Cristina a un hombre de voz ronca que le exigía el dinero.

“Sabemos de todas las propiedades que dejó Chao. Las de Querétaro, Ensenada, Sonora y Sinaloa. En Morelia tienen una casa en La Paloma. Véndalas y páguenos. Trabajó mucho y tiene más propiedades, lo sabemos”.

Todos los días a las 19 horas los secuestradores se comunicaban con Cristina. Para el sábado cinco de octubre habían avanzado las negociaciones.

“¿Cómo está señora Cristina?”, le preguntó el hombre de la voz ronca, por el teléfono.

“Con el Jesús en la boca señor. Quiero a mi hijo. Me estoy muriendo del sufrimiento!”.

“Mire, ya hablé con los señores y me dicen que reúna 500 mil dólares y que con eso queda saldada la deuda de familia que tienen con nosotros”.

“Pero es mucho dinero. No lo tenemos. Estamos vendiendo una casa en un millón 400 mil pesos y ya junté otros 200 mil, es todo lo que tengo. La casa no se vende de un día para otro, por favor, ya suelten a mi hijo”, contestó una afligida Cristina.

“Le voy a pasar a su hijo para que vea que está bien”, le dijo el de la voz ronca. Y efectivamente, Rafael contestó y le dijo a su mamá que ya no quería estar secuestrado, que le ayudaran.

“Sí hijo, estamos haciendo todo lo posible, créeme”, indicó la madre.

Por su parte, el grupo Anti Secuestros ya estaba avanzando en las investigaciones. Varias cámaras del C5 ubicaron el recorrido de la camioneta Dodge Ram blanca, la cual se perdió en la colonia Jesús Romero Flores.

También las cámaras de los comercios ubicados cerca del taller de la víctima habían aportado imágenes de los vehículos de los secuestradores. Pero no sabían el lugar exacto donde estaban Rafael y sus captores-.

Los policías lograron identificar además el otro vehículo utilizado, el Mitsubishi color gris; pero su objetivo era la camioneta Dodge Ram y la colonia Jesús Romero Flores.

Varios días el grupo Anti Secuestro recorrió las calles de la citada colonia. También ya habían solicitado la intervención telefónica de los aparatos utilizados en las negociaciones; todo era cuestión de tiempo.

Para el sexto día de cautiverio Rafael estaba exhausto. Un colchón inflable era el único mobiliario en la habitación. Sus captores taparon las ventanas con tablas de madera y la oscuridad prevalecía las 24 horas.

Sabía que estaba en Morelia, pues su traslado duró como 20 minutos y las vueltas en las calles le indicaron que estaba en la zona urbana.

El siete de octubre, a cinco días de cautiverio, los secuestradores amenazaron a la familia con mandarle “un regalito” de Rafael para que vieran que no estaban jugando. Los padres de la víctima estaban desesperados.

El ocho de octubre los policías investigadores salieron nuevamente a recorrer las calles de la colonia Jesús Romero Flores. Transitaban por la calle Libertadores de México. Dieron vuelta en Profesora Consuelo Martínez y cuando avanzaban, visibilizaron la camioneta Dodge Ram blanca.

Junto al vehículo estaba un hombre vestido de policía preventivo. Los agentes descendieron; eran seis. Se dirigieron al hombre pero éste se alertó y sacó una pistola revólver calibre 38 y encañonó a los policías.

Otro secuestrador observó la escena y se metió corriendo a la casa donde estaba estacionada la camioneta. Los agentes sacaron sus armas y entraron a la casa. Cuando el sujeto armado vio que lo superaban ampliamente se entregó y bajó su arma.

Sus cómplices pretendieron escapar por el techo de la casa, pero la rápida acción de los agentes se lo impidió.

Fue el jefe de grupo el que al revisar una de las habitaciones encontró a Rafael. Estaba encadenado de manos y pies. El policía se identificó y la víctima le confirmó que estaba secuestrada.

Todo había concluido. Rafael estaba a salvo.

Sin embargo, de por lo menos siete secuestradores, sólo habían capturado a cuatro. Tenían que seguir investigando.

Para su sorpresa, los policías encontraron en la casa una credencial emitida por la Fiscalía General del Estado, acreditando a una persona como agente ministerial. Así como otra identificación del Instituto Nacional Electoral.

Tenían que seguir investigando, pues parece que sólo cayeron los peones; mientras los peces gordos ya estaban huyendo….

Continuará…….

*El contenido de esta crónica se basa en las declaraciones ante la Fiscalía de las víctimas, policías y testigos y que fueron expuestas en la audiencia oral ante la jueza de control, Ana Lilia Delgado.

 

 

 

 

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