TAREAS DEL MOVIMIENTO MAGISTERIAL MICHOACANO: CONSTRUIR UN PROYECTO ALTERNATIVO DE EDUCACIÓN

La reforma educativa neoliberal, cuyo propósito fundamental ha sido la transformación de la escuela pública en espacios para la imposición de la ideología gerencial, productivista; en donde la educación se convierte en negocio, en mercancía, en parte del mercado capitalista, ha generado de manera deliberada la destrucción del sistema educativo nacional de carácter social. La modernización educativa constituye un fuerte golpe a la educación pública en todos los aspectos; ha impulsado la reorganización del sistema educativo, imponiendo esta visión productivista, tecnocrática, que rompe con los contratos colectivos de trabajo y desmantela al sindicato imponiéndonos mecanismos e instrumentos jurídicos que individualizan, aún más, las relaciones laborales.

Ante esa política educativa, la Sección XVIII está obligada a defender la educación pública de alta calidad y cobertura suficiente, además de las conquistas laborales, por lo que, ante la imposición, es necesario apropiarnos de nuestra materia de trabajo, anteponiendo al programa de modernización educativa, ya muy avanzado, un proyecto alternativo de educación que lo enfrente.

Durante años, la CNTE y los maestros de la Sección XVIII en particular, hemos desarrollado un amplio debate en torno a este problema y generado propuestas pedagógicas alternativas. Se ha pasado del acercamiento diagnóstico a la construcción de propuestas y se ha intentado llevar a cabo, en la práctica del aula, nuestros nuevos supuestos. El proyecto alternativo de educación no es producto de las miles de discusiones generadas a través de los años de lucha de la CNTE; éstas se han nutrido de las experiencias propias de otras generaciones de educadores y de las aportaciones realizadas por nuestros más connotados exponentes pedagógicos y las tendencias de la educación clasista que nos han brindado otros contingentes, incluso de fuera del país; producto del incesante intercambio con nuestros pares latinoamericanos.

Sin embargo, su instauración en la práctica docente ha sido muy difícil. Tenemos, al parecer, el antídoto a las propuestas pedagógicas neoliberales, pero aún no contamos con el magisterio que las haga posible. En parte es entendible por la agresiva política educativa desarrollada por los gobiernos neoliberales en turno, la cual no admite discrepancias y obliga a los docentes a su aplicación so pena de sufrir las acciones administrativas establecidas en el entramado jurídico del sistema legal impuesto, que ponen en riesgo hasta la estabilidad laboral y el trabajo. Pero también es producto de un ejercicio incipiente de resistencia en el aula; y no lo es sólo en cuanto a la acción punitiva de la administración, sino que también de las maneras rutinarias del ejercicio pedagógico, que no está falto de compromiso de muchos docentes que asumen la tarea de estar en la escuela como si lo hicieran en un centro laboral donde se llevan a cabo labores alienantes. La apropiación de nuestra materia de trabajo pasa por la condición de la conformación de un sujeto pedagógico responsable, crítico, informado, profesional y comprometido con las causas populares. Estos signos, que aparecen en nuestro proyecto alternativo de educación, reclaman lo que uno de los dirigentes sindicales de la Sección XVIII denominó “el docente educador” y que no es más que la antítesis del docente alienado, acrítico e irresponsable con su labor transformadora (se incluye aquí a aquellos que cotidianamente realizan la tarea educativa neoliberal con excelencia, desarrollando a pie juntillas lo que la reforma educativa neoliberal les demanda y que se asumen como buenos maestros y son reconocidos por las altas autoridades educativas y civiles como el ejemplo a seguir). Sin embargo, este tipo de docente no surge de la nada, ni es producto del voluntarismo sindical, ni mucho menos se genera como elemento de ascenso o promoción, tal y como lo pretendiera el fallido “escalafón sindical”.

La escuela pública es un centro para la generación de consenso a favor de las políticas neoliberales pero, sobre todo, es el espació en el cual el estado o la clase dominante impone o intenta imponer su ideología, la aceptación del mundo social como está establecido a través de un sujeto pedagógico reproductor; pero, al mismo tiempo, es un espacio de resistencia y creación de propuestas alternativas mediante la oposición consciente de un nuevo sujeto en formación y que aspira a ser hegemonía.

Los mejores momentos de la educación pública en el mundo ha sido cuando los pueblos son participes de ella y la determinan en gran medida. Esta evidencia se refleja en la educación pública del siglo XX en México, desde la década de los años 30 hasta pasados los años 60, cuando el socialismo real es derrotado y el neoliberalismo asume la casi hegemonía total.

La educación pública vivió sus mejores momentos de la mano de educadores de la talla de Narciso Bassols, José Vasconcelos, Justo Sierra, Rafael Ramírez, Jaime Torres Bodet, Gregorio Torres Quintero, Rosaura Zapata, Frida Díaz Barriga, Estefanía

Castañeda, José Santos Váldez, Enrique C. Rebsámen, Severiano Ocegueda Peña entre otros; quienes con una alta formación humanista y comprometida con la patria generaron las más hermosas páginas de le educación mexicana y el avance más profundo en la educación en México.

Fueron ejemplo de responsabilidad y compromiso e infundieron en los educadores de ese tiempo valores cívicos y sociales de alta valía. La educación estuvo marcada por el quehacer más allá de las aulas. En las comunidades, los maestros reunían a los pobladores para discutir sobre sus problemas; organizaban la comunidad y junto con ellos gestionaban sus necesidades. Los maestros formaban ejidos, enseñaban a leer a contra turno, organizaban campañas de higiene comunitaria y personal, auspiciaban y asesoraban a los adultos y a los niños y jóvenes en la formación de cooperativas, la organización de los ciclos agrícolas, la integración de granjas productoras de animales domésticos como gallinas, chivos y cerdos; asesoraban en actividades colectivas de cuidado y mejoramiento del agua, elaboración de fosas sépticas, gestión de agua potable, canales de riego, créditos para el campo, drenaje, introducción de redes eléctricas, construcción de escuelas, clínicas y hospitales, sistematizaban el conocimiento de las plantas medicinales y promovían el deporte y la cultura sin más pago que el reconocimiento de la gente y el honor del deber cumplido. Los maestros y las maestras vivían donde trabajaban y eran parte de las comunidades que atendían.

Hoy, a 29 años del surgimiento del Movimiento Democrático Magisterial (MDM), contamos con un profesorado en su inmensa mayoría con formación de licenciatura; Michoacán es una de las entidades con el mayor número de maestros con estudios de posgrado y, sin embargo, los índices educativos no lo reflejan, ni siquiera en el cambio de actitud de los maestros hacia nuevas alternativas pedagógicas y, contrariamente, somos también líderes en cuanto al crecimiento del mercado educativo, colocándose como una de las que cuenta con el mayor número de instituciones privadas de educación. Paradójicamente, existe un número no cuantificado, pero significativo de maestros de desprecian las instituciones donde trabajan y tiene a sus hijos en escuelas privadas. No pocos de ellos “democráticos”.

El problema del cambio educativo no está en el manejo discursivo de los maestros, sino en la ruptura con la práctica educativa neoliberal, por muy avanzada que ésta sea. La tarea educativa emancipadora pasa por la toma de conciencia del maestro. Por el valor de desafiar lo establecido y realizar las tareas educativas que el pueblo y el horizonte social reclaman. Para hacer el cambio se ocupa recuperar el apostolado educativo nacional progresista por lo menos y avanzar hacia la conformación de un nuevo sujeto educativo que haga posible lo que hasta ahora no ha sido: la apropiación de nuestra materia de trabajo. Existe la propuesta, pero no está aún el sujeto que la haga posible.

No es que partamos de cero, hay evidencias que demuestran que se han hecho esfuerzos para aterrizar en la práctica lo teóricamente elaborado, pero poco se sabe de lo alcanzado. Desde siempre, un grupo de apoderó de esta tarea y dispuso de los recursos que se consiguieron para ello sin que el magisterio pudiera corroborar con un seguimiento puntual de los resultados, por ejemplo, de las escuelas piloto y después llamadas integrales. Nunca se realizó una sistematización de las experiencias y se publicaron sus resultados. Poco se sabe de lo que en ellas ha ocurrido. De los cambios que se han experimentado y de las dificultades que enfrentaron. Las escuelas de la Sección XVIII no enamoraron.

Por este motivo, creemos que es indispensable asumir con toda responsabilidad que la escuela ahora sigue siendo un campo bajo el control del estado, donde sus políticas son las que permean el quehacer educativo. Que los esfuerzos aún son incipientes y que lo hecho no tiene todavía comprobación hipotética de ser lo que esperábamos.

La educación alternativa reclama maestros de vocación pedagógica, compromiso social y político. Construir el sujeto educativo del cambio sigue siendo la gran tarea del movimiento magisterial. Y no se trata de asumir teorías de corrientes pedagógicas populares y emancipatorias, de acomodar todas las modas educativas del campo popular y de mezclar un sin número de teorías; sino de estar en la escuela y en la comunidad, con los alumnos y los padres de familia, de organizarnos para aprender juntos. Una nueva escuela debe estar ligada a sus problemas y aspiraciones más cercanas y, ¿por qué no? más inmediatas. Debe unir teoría y práctica sin dogmas y sin simulaciones. Debe estar transversalmente ligada al trabajo creador. A la ética como principio rector y a la necesidad del bienestar social. Debe ser autónoma, creativa y actuar con libertad. Una escuela así, reclama maestros. Simples maestros y no trabajadores chambistas, enajenados, irresponsables. Esos no son maestros, son simplemente distorsiones y diques en nuestra tarea. Sin sujeto pedagógico no habrá educación emancipadora.

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