OPINIÓN. LOS VIENTOS DEL CAMBIO SOPLAN EN MORELIA. Por Juan Pérez Medina. (CUT-MICHOACAN)

Andrés Manuel López Obrador ingresó este sábado al Solio de Ocampo en donde lo esperaba el gobernador peñista, Silvano Aureoles, para lo que sería su primera reunión de trabajo con el nuevo presidente, ante un escenario lleno de contrastes; no sólo porque Silvano fue uno de los artífices de la Firma del “Pacto por México”, sino además porque durante la campaña electoral el Gober de Peña Nieto, se mostró muy activo al favor de Meade y escupió una de esas frases que ratificaron su animadversión a ultranza contra AMLO, cuando dijo que había que estar demente para votar por el tabasqueño. Pero 30 millones de dementes votaron el primero de julio y dejaron claro que se había acabado la “cordura” del régimen neoliberal que tanto daño trajo al país por casi medio siglo.

Y ahí estaba, ante sus principales colaboradores para dejar patente que en lo sucesivo será él quien habrá de dirigir la política nacional y que, aunque no lo quiera, deberá atenerse a ello y colaborar sí pretende terminar su gestión en un marco de gobernabilidad social que cada día le ha venido resultando más difícil. Y más le valdría a Silvano atenerse a la lectura de esta visita y bajarle a sus abruptos verbales y, solicito, buscar los acuerdos que le permitan un buen entendimiento.

Se acabaron esos enormes y aparatosos despliegues de fuerza pública en contra de los docentes, los estudiantes y los indígenas con la finalidad de someter a quienes desde sus espacios han venido resistiendo a las medidas antipopulares que el gobierno de la república desplegó con tanta saña y que trajo como consecuencia la represión permanente.

Tres años de un gobierno que se ha destacado por cumplir con la encomienda del gobierno federal sin mediar entre sus gobernados y las inconformidades creadas por Peña en su afán de concretar los compromisos establecidos con los poderosos organismos internacionales y, sobre todo, con el gobierno del norte y sus poderosos grupos de poder.

Hoy, vaya paradoja, Silvano tiene una oportunidad de oro para recomponer el camino y retomar el desarrollo de la entidad desde una nueva perspectiva ajena a lo que se le encomendó cuando Peña lo eligió para ser gobernador por encima de sus propios compañeros de partido. En pocas palabras: puede ahora ya sin la presión de sus compromisos contraídos con el poder central, desempeñarse de otra forma y mejorar su relación con aquellos que tanto ha lastimado. Incluso, tiene la oportunidad de realmente gobernar.

Andrés Manuel López Obrador fiel a su discurso de campaña, tendió la mano y convocó a trabajar juntos, no sin dejar en claro que las cosas habrán de cambiar y que tendrán que terminarse los excesos y los grandes negocios al amparo de la ley y el dinero del pueblo. Porque la tarea central del nuevo gobierno es el de reorganizar la actuación del gobierno haciendo que éste se desempeñe de manera ética a favor de los mexicanos, dejando claro que en el ejercicio de gobierno la mayor satisfacción será la de servir al pueblo. Y no hay mejor medida a mediano y largo plazo que la de dignificar el ejercicio del poder y evitar la tentación de sacar provecho de ello. Indudablemente, reducir la corrupción al mínimo será el mejor legado que AMLO podría dejar a este país. Las consecuencias de ello serían extraordinarias.

En su alocución, ya más tarde en la avenida Madero, ante sus seguidores, mencionó las medidas que habrán de tomarse para hacer posible lo antes mencionado. La corrupción será considerada

como delito grave y quienes la cometan no podrán salir bajo fianza como ahora ocurre con el veracruzano César Duarte; y los partidos políticos deberán manejar por lo menos el 50% de los recursos de que ahora gozan. Dos medidas que abonan en la tarea de dignificar el poder en este país que, gracias a la corrupción y los grandes excesos como elementos fundamentales de la vida política del país, impulsado por una partidocracia ambiciosa y voraz, ha empobrecido a la mayoría de los mexicanos.

El otro anuncio destacado fue el de reiterar que la reforma educativa de Peña Nieto será cancelada y ya no habrá más perseguidos, despedidos o encarcelados por oponerse a ella; por el contrario, los que han sufrido la pérdida de su empleo por oponerse a esta ley serán reinstalados a partir del primero de diciembre. Junto con este anuncio, hubo otro no menos importante, que destaco por lo que significa para la vida laboral del país. El anuncio de que el gobierno respetará la libertad sindical y pugnará por acabar con el charrismo sindical es una noticia por demás relevante. En camino hacia la democratización nacional, los sindicatos no pueden quedarse al margen, siendo pieza fundamental de la vida laboral de millones de trabajadores. Esta noticia habré las expectativas para que los trabajadores, libres de presiones de sus patrones, elijan a quienes quieren que los representen y encabecen la defensa de su trabajo y derechos adquiridos. Con ello, los contratos a prueba, la tercericiación, los sindicatos de protección y la presión sindical del dirigente charro.

Buenos augurios ha dejado la visita de AMLO para todos. Buenas noticias. Sólo falta organizarnos para que lo dicho se concrete. Nuestra fuerza es la mejor garantía. Continuemos organizándonos. Recuerden una de las máximas de Andrés Manuel: “sólo el pueblo puede salvar al pueblo”.

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