LOS MUERTOS DEL FRACCIONAMIENTO ALTOZANO Y EL FANTASMA DEL NARCO. Por Andrés Resillas

Justo al llegar a la glorieta del Papa Juan Pablo II, una camioneta pick up roja iba a alta velocidad, me rebasó y no le importó volarse los topes. Tras de ella venía otra camioneta blanca tipo cherokee último modelo y también se voló los topes.

Al costado de la glorieta estaba estacionada una patrulla de la Policía Municipal. Pero sus integrantes no hicieron nada pese a observar la persecución. Avancé hacia la siguiente glorieta rumbo al Tec de Monterrey y encontré a dos hombres encañonando con sus pistolas a dos jóvenes que venían en la Pick up roja.

Pensando que podría desatarse una balacera disminuí mi velocidad y me pare a 50 metros. La camioneta blanca ya tenía prendidas luces rojas y azules en su frente, evidenciando que era una unidad policiaca.

Los dos jóvenes estaban desarmados y a jalones fueron puestos frente a su vehículo con los brazos y piernas abiertos.

Cuando observé que los policías tenían sometidos a los muchachos, reinicié el camino a mi casa.

Este tipo de hechos son comunes en la zona de Altozano. Lo que me sorprendió es que ahora la policía actúa en vehículos que aparentan ser de particulares, es decir, están encubiertos.

Conforme avanzan los años la zona de Altozano es más vigilada por las corporaciones policiacas, en especial aquellas que investigan a los narcotraficantes o al crimen organizado pues.

Pero han volteado hacia Altozano no por sus investigaciones, sino por la serie de asesinatos ocurridos de vez en vez. Al momento de analizar la identidad de las víctimas se dan cuenta de que el crimen organizado está presente.

El homicidio de “El Maromas” al salir del lujoso gimnasio Seven Eleven, el pasado tres de octubre del año pasado.

Como el reciente homicidio de “El Burrito” en el restaurante Fisher´s del Centro Comercial, ocurrido en mayo de este año.

Ya dentro de los fraccionamientos, también ocurrió el homicidio, suicidio o lo que sea del coordinador de regiones de la Procuraduría de Justicia, Rogelio Arredondo y que pertenecía al siniestro grupo de los Chilangos.

He tenido como vecinos a colombianos y argentinos. Jamás nos han dicho en qué trabajan. Salen y entran por temporadas. Eso sí, el dinero es evidente en sus familias. Alguno incluso ya compró casa grande en el fraccionamiento.

Otro vecino asesinado, fue un joven. Moreno, alto, de barba. Tenía un carro Charger retro último modelo. Le prendía el motor al auto desde la puerta de su casa, a unos 10 metros.

De pronto, el Charger retro y su dueño desaparecieron. La casa estaba sola. Hasta que llegó la policía para realizar un cateo. Fue cuando nos enteramos que lo habían asesinado.

También aquel muchacho que fue emboscado en el Oxxo en la glorieta del Tec de Monterrey. Sus asesinos lo esperaron pacientemente y le propinaron seis balazos. Esto ocurrió en el 2015. Jamás se supo de los autores materiales.

Sobre el fantasma del narco en Altozano me lo contó un vigilante. Dice que semanas después de que asesinaron a “El Burrito”, pudo observar durante la madrugada una silueta de hombre que se aparecía.

Agregó que cuando revisó el lugar se escucharon ruidos. Pero por más que dio vueltas no encontró a nadie.

A los tres días su compañero de guardia le contó lo mismo. Que había observado una figura; que se escuchaban ruidos. Ambos concluyeron que era el fantasma del narco.

Y así, tendremos que vivir en Altozano, con la compañía de los narcotraficantes. Con el miedo de que al transitar por las avenidas se desate alguna balacera. Ya sea entre grupos rivales o con la policía. Ni modo. Aquí nos tocó vivir.

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