LA DIMENSIÓN POLÍTICA DEL TRIUNFO ELECTORAL DE AMLO; LOS RETOS DE LA IV REPÚBLICA. Por Juan Pérez Medina

 

Nadie esperaba tal contundencia. AMLO ganó en todas las entidades menos una, haciendo efectivas todas las predicciones que se mantuvieron desde antes de que diera inicio la contienda electoral. Pero más que Andrés Manuel López Obrador ganó la determinación del pueblo harto de la clase política que nos ha gobernado en los últimos 50 años.

Esta contundencia noqueó a sus adversarios y acabó con la contra campaña que se montó desde el poder para detenerlo. Los partidos que enfrentaron a AMLO han quedado maltrechos. Los más pequeños, al grado que están a punto de perder el registro al no alcanzar el 3% de la votación, como el PES, Nueva Alianza, Movimiento Ciudadano, Verde Ecologista y hasta el propio PRD.

Sus detractores están peor y han tenido que reconocer al menos de los dientes para afuera, al candidato triunfador, como lo ha hecho Vicente Fox Quesada, que a partir de enero del 2019 se quedará sin su pensión millonaria y tendrá que trabajar para vivir.

Por AMLO votaron hasta los militantes de otros partidos. Cientos de miles, cuando no millones sufragaron en contra de sus dirigentes y candidatos y consumaron la rebelión más importante de los últimos 50 años contra el hartazgo. En el devenir histórico están el cúmulo de batallas plebeyas que el pueblo ha dado para alcanzar las libertades plenas, la democracia y la igualdad económica. Desde el 68 hasta las enormes jornadas de lucha de los maestros y estudiantes, entre éstas los hechos de Iguala, pasando por los fraudes electorales de 1988 y 2006.

Los trabajadores de la CTM y los sindicatos charros emitieron su voto a pesar del control férreo de sus dirigentes venales y de las amenazas públicas de muchos de sus patrones. Las zonas industriales del Estado de México, Guadalajara, Monterrey y la Ciudad de México, en donde se encuentran los obreros y sus familias el voto favoreció ampliamente a López Obrador con lo que se ratifica lo arriba comentado. Los trabajadores votaron en contra de sus patrones y lo hicieron a pesar de ellos y de sus dirigentes.

Los compradores de votos fueron engañados en la mayoría de los casos por los vendedores que aceptaron el soborno pero votaron por quien quisieron y no por quien se les había indicado. El engañador salió engañado. Los otrora bastiones priistas se desmoronaron. La pobreza y la ignorancia no fueron suficientes para engañar a los más pobres. Al final del camino pudo más su intuición que la dádiva.

Los mexicanos estamos de plácemes. Logramos derrotar al dinosaurio que en los últimos años había mostrado contar con muchas cabezas. Si no era el PRI, era el PAN y junto con ellos una caterva de siglas viviendo del erario público y actuando en contra y como comparsas del poder político y económico.

Días previos, en su ya anunciada derrota, los personeros del régimen clamaron porque los votantes no concedieran el voto a morena solamente, tratando de influir en el electorado para que si bien ganaba AMLO la presidencia, no así el congreso. Su objetivo último era el de lograr Establecer desde ahí un contra poder que impidiera al nuevo presidente llevar a cabo las acciones necesarias para echar por tierra el andamiaje jurídico creado para asegurarse el saqueo, la explotación, la corrupción y la impunidad de que han gozado. Argumentaron que el voto a un solo partido podría darle tal

poder que acabaría convirtiendo al país en una nueva dictadura: la del Peje. Pero la ciudadanía no se tragó el cuento. Y los de abajo, por primera vez en muchos años desoyeron a los de arriba que siempre han hecho lo que les ha convenido sin importarles el pueblo. Hoy se confirma que AMLO gobernará con mayoría en el senado y con mayoría en la cámara de diputados. Lo que significa una oportunidad única para llevar a cabo las transformaciones que el pueblo anhela y reclama y que están planteadas en el proyecto de nación presentado por el nuevo presidente. Las condiciones están dadas para llevar a cabo la cuarta transformación de México.

La dimensión de la victoria del pueblo de México este primero de julio nos impactó de tal manera que muchos no lo hemos logrado procesarla del todo. Es la más grande derrota sufrida por el neoliberalismo en este continente en lo que va de este siglo XXI y, por eso cobra mayor importancia. Ahora, toca honrar los compromisos planteados y hacer que éstos se cumplan, empezando por cero corrupción e impunidad y por el bien de todos primero los pobres.

Si bien la derrota electoral del régimen ha tenido connotaciones históricas, habría que decir también que no es suficiente sino logramos cambiar el rumbo del país y eso depende de todos nosotros. Somos los trabajadores del campo y la ciudad los que tenemos hoy que actuar de manera protagónica en la definición de las políticas públicas, en la modificación del régimen tributario, en la distribución del presupuesto y en la vigilancia de su gasto. Sin un pueblo organizado y consciente de sus obligaciones será imposible que la rueca se detenga y comience su ritmo en sentido inverso de la historia. Porque son los pueblos los que la hacen y nadie más puede suplantarlo por mejor intencionado que esté. El gobierno de AMLO será un gobierno verdaderamente democrático y con justicia porque el pueblo asumirá su conducción. Hay que estar organizados y actuantes por el bien de México.

Abrir cauces a la participación protagónica del pueblo será uno de los mayores retos del nuevo gobierno para alcanzar sus propósitos de bienestar que se ha planteado. Pero estos cauces no se abrirán sin el concurso de todos los trabajadores del país. Habría que mencionar que la democratización de la nación pasa por democratizar las propias organizaciones de los trabajadores. Tarea que nos corresponde.

Finalmente y a manera de apunte, he de mencionar que el triunfo del pueblo el primero de julio trae aire fresco a los pueblos de Nuestra América en lucha contra el mismo demonio. Los pueblos de Latinoamérica han saludado con alegría el triunfo de AMLO y lo han hecho suyo. Apenas y la derecha neoliberal se había regodeado con la victoria de la derecha en Colombia, cuando se da este hecho descomunal en México que indudablemente deja en segundo plano la ratificación de la derecha colombiana y su política bajo el consenso de Washington, reconociendo en el triunfo de morena una bocanada de aire fresco a la agobiante presión norteamericana de manera directa y a través de la OEA, en donde Peña Nieto había jugado un primordial papel de comparsa de los gringos. De ese tamaño es la victoria de AMLO. Significa, nada más y nada menos, una nueva puerta abierta a la posibilidad de avanzar en la lucha de los pueblos de Nuestra América.

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