OPINIÓN. “Dr. Jekyll y la Sra. Hyde” ¿DÓNDE ESCONDES UN ÁRBOL? EN EL BOSQUE. Por Teresa Da Cunha Lopes

Este principio fue el aplicado por el grupo que pretende despojar la Universidad de su autonomía, los trabajadores universitarios (docentes y administrativos) de sus derechos laborales. (ej.: jubilaciones) y, de paso obligar la Casa de Hidalgo a arrodillarse ante una reforma de “Ley Orgánica “diseñada para permitir a un grupo asestar un «golpe constitucional» a base de “transitorios “. Un golpe constitucionalizado, desde el cual desestabilizar el proceso de sucesión de rectoría y regresar al control de la UMSNH. Una universidad, hay que enfatizarlo, ellos mismos dejaron exangüe y, en quiebra.

Así que, operaron desde la construcción de un doble discurso: una narrativa «pública» de “salvadores” y, de un enmarañado «legislativo» de destructores.

Lo hicieron, como siempre, a través de la eterna encargada de las «operaciones» dobles (otros, no tan diplomáticos, dirían «sucias») y de manipulación «suave» desde una curul estatal. Un golpe a que llamaron de «reforma presupuestal progresiva» donde escondieron el «árbol» de la regresividad financiera y el «árbol» de la muerte de la «autonomía universitaria» en tres transitorios.

Transitorios ,tres transitorios , votados , deliberadamente, a vapor en comisiones , ya después de un texto general, inocuo , de genéricas planitudes y de grandes lagunas legislativas , presentado mediáticamente como « solución» nicolaita , o sea como el « bosque » , dentro del cual se ahogarían las pistas de la verdadera intención del legislador ( los 3 transitorios) y , se neutralizaría , operativamente, el movimiento de rechazo al golpe constitucional.

En la calada maniobra operada en comisiones y negada en titulares , el frío cálculo político y con la más maquiavélica bipolaridad de un “Dr. Jekyll y de la Sra. Hyde” casi asesinan a la bicentenaria Máxima Casa de Estudios.

En el bosque de la ignominia legislativa estaban plantadas las 3 semillas de la cicuta. El todo “vestido para matar” en un diseño de falacia legislativa, minuciosamente (punto a punto, transitorio a transitorio) planeado, con tiempos cronometrados para acobijarse a la sombra de la agitación electoral y, felizmente (para todos nosotros), ejecutado con las patas.

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