OPINIÓN. LOS SALDOS EN LA SECCIÓN XVIII. Por el Prof. Juan Pérez Medina. CUT-Michoacán.

 

No hay nada mejor para morir que el suicidio. Este se puede planificar y destinarle objetivos precisos, como por ejemplo a quien culpar. Pero el suicidio colectivo es una fatalidad, porque generalmente ocurre que suelen morir quienes no lo deseaban y son llevados al matadero ya sea por imprudencia, por ignorancia o por estupidez. Cuando es por ignorancia es terrible porque sólo unos saben que vas al matadero y conducen a los demás sin enterarlos o, lo que es peor, a engaños; pero morir por estupidez es lo peor, pues se muere en estos casos por idiota. Por ni siquiera haberlo pensado. Es morir sin haberlo deseado, sin haberlo pensado siquiera. Morir así nomás.

La actual jornada de lucha del magisterio democrático se inició pensando que acabaría en unos días o tal vez en una o dos semanas. No se pensó que podría alcanzar los días que lleva y los que, como se ve, están por venir. Se creyó que era una cuestión de días y, de la misma manera, se pensó que no sería tan violenta como lo ha sido. El gobierno estatal, como lo hemos podido atestiguar, se ha lanzado en contra de las acciones de presión magisterial con toda la fuerza represiva y ha dispersado a golpes, detenciones y uso de gases lacrimógenos las tomas de las vías del tren en los diferentes lugares en donde se han venido realizando, con algunas salvedades.

Es por ello que no hubo un plan preconcebido que atendiera todos los escenarios posibles que las circunstancias motivaban. Ante un gobernador amenazante y dispuesto a continuar judicializando la protesta, no hubo un plan B que obligará al gobierno a no alargar el conflicto y atendiera las demandas que lo habían generado. No hubo un plan que evitara el desgaste del movimiento y mucho menos que no permitiera que la movilización no fuera reprimida. Peor aún, no se pensó en que el movimiento podría ser sometido a un desgaste tan fuerte, que lo llevara una crispación interna, en donde afloraran las enormes diferencias entre los grupos existentes al interior, cuyas acusaciones mutuas los llevó a exponer a elementos del movimiento, a dispersar la fuerza y a incrementar las posibilidades de represión y no respuesta.

Esa falta de previsión fue la que permitió el desgaste actual que se expresó en el último Pleno Estatal de Representantes Sindicales, en donde se observó un incremento del encono interno, prevaleciendo las acusaciones y descalificaciones por encima de un acucioso análisis de las circunstancias actuales, que permitiera encontrar una salida a la altura de nuestras exigencias. En cambio se vio un movimiento sindical exhausto y en no pocos sectores, buscando una salida urgente, la que sea que permita el regreso a clases ante la imposibilidad de superar las actuales circunstancias. Hubo otros que propusieron un repliegue táctico sin aceptar lo ofrecido por el gobierno hasta el momento, con la finalidad de proteger el movimiento de una derrota que ahondara más las diferencias y debilitara la unidad y aquellos que aún consideraban que lo correcto era mantenerse en las vías del tren pasara lo que pasara, como única estrategia para encontrar una respuesta afirmativa del gobierno a los planteamientos hechos.

Las previsiones a las que hago referencia correspondieron en todo momento a la actual dirección del Comité Ejecutivo Seccional (CES) quien ha hecho agua en varios momentos importantes que han generado confusión y desaliento y han propiciado que crezca la desconfianza hacía su actuación. En ocasiones llegó a parecer que se estaba ante un CES sin idea,

desconcertado e incapaz de dar una dirección adecuada. Lo anterior condujo al movimiento a cometer varios errores que hasta el momento no se superan. El desatino de ir a la mesa de negociación como sí esa fuera una victoria, cuando había una ofensiva de parte del estado que golpeaba y encarcelaba maestros sin empacho alguno. El atraer la mesa en ese instante fue un grave error que aún tiene graves consecuencias. La práctica de desactivar las acciones políticas de presión cuando uno o más caen es algo que debe analizarse detenidamente. Una vez que los compañeros fueron detenidos, sacarlos de la cárcel se convirtió en el objetivo primordial de ese momento, pero las consecuencias posteriores fueron peores, la acción central se debilitó y el objetivo no fue alcanzado. Por otra parte, me parece que las acciones políticas empleadas no fueron integralmente potenciadas, pues hubo tareas que son básicas y se dejaron de hacer, dando al gobierno la iniciativa fáctica, logrando con ello, en cierto sentido aislar al magisterio, para con ello golpear con mayor contundencia.

Los errores se volvieron en contra de quienes los cometieron y llevaron la lucha a donde no se quería. Entró la desconfianza, la incertidumbre y el cansancio, junto con la presión de los padres de familia por el paro de labores que no lograba su propósito y comenzaba a convertir en un elemento más de presión hacia el interior del Movimiento.

Así se llegó al último Pleno Estatal, en medio de la crispación y el desgaste propio de una lucha que no se esperaba en su magnitud, ni mucho menos en su situación actual. Por eso se dieron los hechos como se han comentado y discurren en las redes sociales sus ecos, como si el Pleno aún continuara por otras vías. Sería bueno encontrar una forma de pasar este momento y avanzar hacia mejores terrenos. Ese es el gran desafío.

No se esperaba este momento hace unos meses. No estaba en el script de nadie. Eso es lo peor: nadie avizoró que podría ocurrir y ahora parece que no hubiera salida digna más la de reconocer que nos hemos equivocado y que es hora de recomponer, en este sentido, es menester acabar con la lucha interna, aplazarla por un momento y dar paso a las ideas sosegadas. Se ocupa salir de donde estamos y a donde hemos llegado por nuestros errores. Urge no morir como idiotas.

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