PICHÁTARO LIBRE: POLICÍA, ELECTA POR LA COMUNIDAD Y CERTIFICADA POR EL GOBIERNO DEL ESTADO. Segunda Parte

POR ANDRÉS RESILLAS// SEGUNDA PARTE

Aquí en Pichátaro no cualquiera puede ser policía.

El asunto de la seguridad pública fue resuelto hace muchos años atrás mediante la Ronda Comunitaria, pero se fue perdiendo paulatinamente hasta que la población quedó en el desamparo.

Llegó el crimen organizado y hasta que pobladores se hartaron de la violencia fue que reaccionaron. Recuerdo que en el 2016, uno de sus dirigentes me informó que los comuneros reinstalaron la Ronda Comunitaria en Pichátaro, pero ahora armados para hacerle frente a los talamontes y a los narcotraficantes, la “maña”, pues.

Al igual que Cherán, los comuneros de Pichátaro se atrincheraron en su pequeña ciudad y le declararon la guerra a los delincuentes. “A donde tope”, me dijo Aurelio Marcos.

La violencia foránea y el saqueo a sus bosques unió a los comuneros de Pichátaro.

Junto con el presupuesto de siete millones para Pïchátaro, también se planteó la necesidad de reforzar la seguridad pública; de capacitarla y dotarla de armamento para el combate a la delincuencia común y al crimen organizado.

Pero el pueblo quiso intervenir. No quería policías de fuera, sino de la misma comunidad; conocidos que garantizaran la tranquilidad y personas decentes, honestas y de una conducta intachable.

Explican que para elegir a un policía tienen que ser propuestos por los barrios; también tienen que recibir capacitación por parte del Gobierno del Estado para estar certificados.

Son 24 policías y todos son originarios de Pichátaro; viven aquí y son ampliamente conocidos por la comunidad; 16 reciben sueldo del presupuesto comunal y los otros ocho, son pagados por el Gobierno del Estado.

El concejero Armando Cortés Vargas explica que la fórmula está funcionando; se acabaron los delitos de alto impacto o considerados como graves y que ahora el problema a vencer es la tala clandestina de los bosques.

“También no existen los abusos policiacos o de los servidores públicos; el que no trate bien a los ciudadanos, a la gente, puede ser despedida; no tenemos que esperarnos tres años a que cambien las autoridades para que se vayan”, indicó.

Dice que dentro de los usos y costumbres de Pichátaro es que todos son objetos de evaluación y el servidor público que no funcione o no tenga buena conducta, se le despide.

“Aquí hay otra ventaja de contar con nuestro presupuesto; tenemos el fondo de seguridad, con el cual se paga el alumbrado público, se les da uniformes a los agentes, se compran las patrullas y se les da un mantenimiento adecuado.

“El crimen organizado aquí no existe; gracias a la organización comunal, como que los delincuentes no se atrevieron a entrar, pues como todos nos conocemos y tenemos las tradiciones de la Ronda Comunitaria y de garantizar nuestra tranquilidad, pues afortunadamente no hemos tenido ese problema.

EL RECIBIMIENTO

Y es cierto, al llegar al centro de Pichátaro nos reciben a la entrada del edificio comunal dos policías. Están debidamente uniformados y muestran disposición de ayudar a los visitantes.

Nos orientan para localizar a los concejeros comunales. En ese momento llega una patrulla con más elementos. Todos son de rasgos indígenas.

Es la hora de la comida para los policías. Comienzan a llegar madres de familia con bolsas llenas de alimentos. Algunas se hacen acompañar de sus hijos.

Los agentes policiacos las identifican y van a su encuentro. Se retiran hacia el atrio de la iglesia principal y en las bancas se disponen a consumir sus alimentos.

Nos impresiona la tranquilidad y la camaradería entre los policías; pero nos impacta más cuando al comer se convierten en esposos, en padres de familia. Ven a sus hijos con felicidad. Uno de ellos, toma a su pequeño de la mano y lo pasea por la plaza.

Envidio su tranqulidad….

Continuará………..

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