OPINIÓN. DE LOS PANAMÁ PAPERS A LOS PARADISE PAPERS. Por Juan Pérez Medina (CUT – Michoacán)

 

A un promedio de 7 mil 466 millones de pesos corresponde la evasión por parte de los grandes magnates mexicanos que crean empresas “fantasmas” para esconder dinero y evadir el fisco. Lo equivalente a 15 años de recaudación fiscal a precios de ahora. Imagine usted el caudal de recursos que se escapan y se dejan de utilizar a favor del desarrollo nacional. Se le llama evasión en el sentido más correctamente permitido u utilizado por los técnicos financieros y economistas internacionales, sin embargo, de lo que se trata es de un verdadero atraco, del que participan elegantes personalidades, como por ejemplo, la reina Isabel de Inglaterra.

De los apátridas mexicanos que se conocen y han salido involucrados en los hallazgos del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), quienes han destapado toda una serie de redes de gigantescos evasores fiscales (de hecho los más ricos del planeta), que por medio de los llamados “paraísos fiscales” esconden multimillonarias fortunas en países como Islas Caimán, Islas Vírgenes, Malta, Barbados, Andorra, Aruba, Bahamas, entre otros, se cuentan personalidades ligadas a siniestros políticos como Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto, a grandes consorcios económicos y de espectáculos como Tv Azteca y Televisa y, contratistas favorecidos por el régimen como Oceonografía y el grupo Higa, esta última, la constructora favorita de Peña, la misma que construyó la “casa blanca”, la extensión del Hangar presidencial para que cupiera el nuevo y multimillonario avión presidencial y que ha recibido en este régimen más de 4, 400 millones de pesos en obras, bajo permanente denuncias de corrupción.

El titular del grupo Higa, según datos exhibidos en la lista de los Panamá Papers, el tamaulipeco Juan Armando Hinojosa Cantú, armó complejas estructuras en las que involucró a su madre y suegra para gestionar cuentas bancarias en el extranjero, las cuales tendrían “cerca de 100 millones de dólares” de activos. Lo mismo ocurrió con la Familia Ballesteros Franco, dueña del Grupo Mexicano de Desarrollo (GMD) y responsables de la construcción de la Autopista del Sol (México-Acapulco), obra de pésima calidad y una de las más caras de su tiempo, que hicieron enormes riquezas al amparo de Carlos Salinas con recursos públicos.

Si esto es indignante, lo es más el conocer que dentro de esta enrome rede de ladrones (evasores) se encontró a un líder obrero priista de siempre, que logro amasar una fortuna como dirigente de la CTM a lo largo de los años, que rebasa los 15 millones de dólares y que tenía escondidos en uno de estos paraísos fiscales. A nadie debe asombrarnos que los líderes charros del sector obrero son unos corruptos de primera y que al amparo del gobierno han amasado enormes fortunas, como es el caso del líder petrolero Romero Deschamps; lo que asombra es la forma a que han llegado para ocultar su hurto a los trabajadores, que generalmente viven pasando enormes penurias.

Si los Panamás Papers dieron cuenta de una realidad que se sabía, pero no se había desenmarañado con tanta precisión, ni había tocado las alturas de la falsa moralidad de los grandes íconos de la burguesía capitalista, como ha ocurrido ahora con personajes como la reina Isabel, Luis Caputo, Ministro de finanzas (Argentina), Rex Tillerson, Secretario de Estado (Estados Unidos), Stephen Bronfman, Financiero, recaudador de fondos del partido liberal canadiense (Canadá), Wilbur Ross, Secretario de Comercio (Estados Unidos), Juan Manuel Santos, Presidente de la República (Colombia), Shakira, cantante colombiana y corporaciones de la talla de Nike y Aplee, por mencionar unas de las tantas empresas y ¿personalidades? involucradas.

Estos hallazgos nos demuestran y reiteran una cosa: el poder económico se construye a base de la prostitución más grande habida y por haber. De la cloaca de la pudrición emergen realidades como éstas que se encuentran de la misma manera que la mierda: oculta en el drenaje, lejos de los olores y los ojos humanos. Una realidad subterránea que sangra a los trabajadores del planeta y quita a millones de personas vulnerables las posibilidades de sobrevivencia o de abandonar la pobreza.

Si por esta vía se evaden recursos que de acuerdo a la ley debieran pagarse en forma de impuestos a los gobiernos como lo hacemos todos los ciudadanos pobres o que viven en la medianía y el titular del SAT opina que no hay delito que perseguir, es un hecho que lo hace porque es parte del mismo problema y nada hará para hacer que esos recursos regresen al país. No lo harán porque se sabe además, que ellos mismos crean mecanismos por los cuales los grandes capitales evaden al fisco y aun pagando, hacen que los recursos regresen de nuevo a sus bolsillos.

Año con año, los grandes millonarios de este país no pagan sus deudas fiscales que son millonarias, son millonarios por décadas sin que los gobiernos en turno hagan nada para que cumplan con la ley y; por si fuera poco, mediante mecanismos de devolución y uso de fundaciones “caritativas”, recuperan con creces lo que han pagado en impuestos cuando así lo hacen. En la historia reciente de México se sabe que por esta vía, las grandes empresas mexicanas han llegado a recuperar hasta el 90% de lo que habían pagado, mientras los trabajadores pagan puntualmente sus obligaciones fiscales.

Hechos como los que estamos narrando son parte de una larga lista que está ligada fehacientemente a los destinos políticos de los países. Los partidos, sobre todo de derecha han recibido por esta vía recursos cuantiosos para hacerse una dispendiosa campaña electoral triunfadora que le reditúe a quienes son como ellos.

Los enormes recursos en evasión permanente significan para este país, muchas escuelas, hospitales, carreteras, programas asistenciales y medicamentos necesarios que se dejan de hacer y obtener, es una sangría que no tiene moralidad ninguna.

Estamos ante una descarnada versión de la corrupción capitalista, que nada, como siempre lo ha hecho en un océano de podredumbre maloliente.

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